Con Permiso de la Izquierda Hermógenes Pérez de Arce

Con Permiso de la Izquierda

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          Si no fuera por el apoyo de un sacerdote de izquierda y algunos parlamentarios de la Nueva Mayoría, no tendría ninguna posibilidad de prosperar la iniciativa para que los presos políticos militares con alzheimer o enfermedades terminales puedan recibir el beneficio de la libertad condicional. Pues parece que, en Chile, lo que la izquierda no promueve simplemente no existe, ya que ni la propia derecha se juega por ello. Los presos políticos militares enfermos y ancianos llevan décadas en tal condición y ni siquiera la prensa de derecha les había prestado mayor atención, pero ahora la izquierda se interesó y entonces el tema fue acogido. Es la realidad del “sector”.
 
Así, ahora levantan la voz los dirigentes de derecha menos cooptados por Piñera, pues los que lo están más huyen del tema de los abusos perpetrados en nombre de los derechos humanos. Es que Piñera como gobernante fue el más sañudo perseguidor de los presos políticos y cómplice de la prevaricación que los mantiene encarcelados, tanto que bajo su gobierno el Ministerio del Interior triplicó el  número de querellas ilegales en su contra.
 
Pero ahora hasta el senador Hernán Larraín (UDI) parece que por suerte viene de vuelta, porque se ha plegado a esta iniciativa humanitaria, después de haber advertido, hace años, cuando votó para poner en libertad a terroristas de izquierda, que eso no podía ser considerado “moneda de cambio” para beneficiar a los “violadores de derechos humanos”, como les decía entonces y hasta hoy les dice Piñera. Recuérdese que también Larrain, junto al DC Patricio Walker, no hace mucho pidió perdón a la guerrillera Quintana, quemada accidentalmente en 1986 por los propios artefactos incendiarios que portaba para lanzarlos a vehículos de locomoción. (El Gobierno planea de nuevo traerla de vuelta este 11, desde su cargo diplomático, como lo hizo el año pasado, con fines publicitarios.)
          
        Coincidentemente, la Corte Suprema de mayoría izquierdista reconsidera en estos días uno de sus propios atropellos al debido proceso y hace un acto de contrición al aprobar la libertad condicional del que fuera subteniente en 1973, Hernán Ovalle Hidalgo, condenado a doce años y un día por el solo hecho de haber leído una nómina que le entregaron y que se le ordenó comunicar al personal de Industrias Sumar, un nido guerrillero. Resultó que, de los nombres que leyó, varios después perdieron la vida, cosa que Ovalle no podía saber, pues no tenía que ver en el asunto. Pero la justicia de izquierda, contra el voto disidente del ministro Nibaldo Segura, que en su tiempo acreditó la falta de pruebas incriminatorias, lo condenó como “cómplice” de los homicidios, de los cuales hasta ahora no existen autores identificados. Por supuesto, el senador Juan Pablo Letelier ha protestado públicamente por habérsele dado la libertad a Ovalle, “violador de los derechos humanos”, según él, por haber leído una nómina. Todo esto lo ha dado a conocer el abogado Adolfo Paul en carta a “La Tercera” del 19.06.16.
 
          Caso parecido al de Rafael González Berdugo, agente civil de inteligencia adscrito a la FACH, condenado como cómplice en la supuesta “desaparición” y muerte del extremista norteamericano Charles Horman por el ministro sumariante Jorge Zepeda, uno de los que en estos días ha puesto en prisión efectiva al senador Orpis. La ironía reside en que precisamente González Berdugo fue quien encontró los restos de Horman cuando todos lo proclamaban “detenido-desaparecido”. Hasta hoy no hay autores identificados de su muerte, aunque sucesivamente se ha culpado a variados norteamericanos y chilenos. De hecho, nunca fue un “desaparecido”, sino un caído en la lucha callejera posterior al 11, cosa explicable, pues vivía en pleno “Cordón Vicuña Mackenna”, un nido guerrillero armado, organizado durante la UP, para consumar el Plan Zeta.
 
En el caso de Horman, como la diplomacia norteamericana reclamara ante la Junta, en 1974, por la  falta de noticias sobre el sujeto, el ministro de Defensa, almirante Patricio Carvajal, ordenó a González Berdugo encontrarlo, y éste comprobó que su cadáver había estado en el Instituto Médico Legal y de ahí había sido trasladado al Cementerio General y sepultado. Lo hizo exhumar y lo entregó a la embajada norteamericana a principios de 1974.
 
No obstante, el cineasta griego izquierdista Costa-Gavras encontró que las mentiras sobre Horman eran “vendedoras” y servían para desprestigiar a la Junta, de modo que filmó en los ’80 la película “Missing” (“Desaparecido”), con Jack Lemmon y Sissy Spacek, cuando hacía seis años ya se sabía que sus restos habían sido sepultados en Nueva York. Por supuesto, lo que todo el mundo todavía cree es que Horman sigue “missing”. La tarea de la verdad histórica no termina nunca.
 
Y como esa verdad ha sido reiteradamente derrotada, tenemos el espectáculo de todos los terroristas marxistas libres y un penal lleno de los militares que les impidieron tomarse el poder, hoy ancianos, algunos con alzheimer y otros enfermos terminales, pero todos igualmente condenados contra todo derecho.
 
Como nunca han sido delincuentes y son personas decentes y de orden, mantienen el penal limpio y ordenado, cosa que les da infinita rabia a los y las izquierdistas y kerenskys del Gobierno. Tanto que, al encontrársele un teléfono celular al mayor (r) Álvaro Corbalán, uno de ellos, lo enviaron por orden de la ministra Javiera Blanco por un mes a confinamiento solitario en la Cárcel de Alta Seguridad. Tiene  una diabetes grave, cáncer y perdió la vista en un ojo, con riesgo de perder el otro. Durante un traslado fue atacado y herido por un extremista autor de fechorías recientes (porque los demás están  libres). El mes de confinamiento dura ya siete. Y el trío de “Mujeres por el Odio”, Michelle Bachelet, Isabel Allende y Javiera Blanco, anuncia que estudia cómo agravar la condición de los demás caballeros ex uniformados presos, pues, al parecer, los sufrimientos infligidos a Corbalán no les brindan suficiente deleite. Y la guardiana oficial del odio, Lorena Pizarro, protesta en las calles contra la medida humanitaria.
 
Pero todo esto remece la conciencia del resto de la izquierda y de la DC, lo que a su turno está repercutiendo, por suerte, hasta en la de la derecha cooptada por el principal cómplice de la persecución ilegal a los militares que salvaron a Chile. Esto no había sucedido antes. ¿Se estará civilizando Chile?

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