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Saludo del Teniente Coronel (R) Álvaro Corbalán Castilla, en el 41° Aniversario de la gesta heroica del 11 de Septiembre de 1973.

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Saludo del Teniente Coronel (R) Álvaro Corbalán Castilla, en el 41° Aniversario de la gesta heroica del 11 de Septiembre de 1973.

 

Alvaro

 Nuestra vigente Constitución y los Reglamentos carcelarios me permiten tener libertad de culto, tener opciones políticas y libertad de expresión para difundir lo que siento y, he creído necesario romper mi silencio. 

Hoy siento la necesidad de subrayar la esquiva verdad de lo ocurrido en los años previos al Pronunciamiento Militar. Me hago el deber de recordar la razón de la intervención de nuestras FF.AA. y Carabineros, y, sobre todo: destacar los 17 años de reconstrucción nacional, para sacar adelante un país que se recibió en la ruina moral, económica, política y social más grande de las que se tenga memoria.

¿Cómo olvidar el Chile de 1973, país de siervos, dispersos, sin orden, despedazados, despojados, hambrientos, asolados por catorce mil terroristas invasores, víctimas de toda especie de ruina?

 Hoy los Ejércitos de tierra, mar y aire, siguen siendo la salvaguardia de lo permanente, pero viven momentos límites, sumisos y obedientes a una democracia que ellos mismos recuperaron.

Señores Comandantes en Jefe, hay una Historia de la que no se pueden desligar y que debiera llenarlos de orgullo. Ustedes fueron parte del exitoso Gobierno de las Fuerzas Armadas y de Orden, que por 17 años condujo los destinos de nuestro Patria, que tuvo vocación de interinidad y antes de someterse al veredicto de las urnas, reconstruyó los valores orgánicos, libres y eternos del individuo portador de un alma, de la familia, de CHILE entero.

Admiro profundamente el Régimen de las FF.AA. y Carabineros y después de todos estos años, me viene una nostálgica claridad de las horas felices que perdimos, de un gobierno con carácter, inteligente, de talento y grandes ideas.

La victoria de un 11 de Septiembre, a no dudarlo es una fecha que divide, y el que grite más alto no logrará imponer sus argumentos. Cuando no se tiene nada más que perder, como es mi caso, resulta fluido y fácil decir la verdad.

Estando aún pendiente la reconciliación, el reencuentro de la civilidad con sus FF.AA. y de Orden, mantienen a un puñado de militares abandonados y son los que por órdenes superiores fueron elegidos para combatir el terrorismo. Este es el escenario de los Presos Políticos Militares.

Tenemos la secreta esperanza de que exista una actitud y voluntad política que nos permita recuperar dignidad, apoyados por una familia militar preocupados de aquellos heridos camaradas de armas, entregados a manos de gendarmes y a toda suerte de vejámenes en sus diarios desfiles por los tribunales. Quedamos un contingente de 64 soldados confinados en la Cárcel de “Punta Peuco”. Estamos todos en la tercera edad (promedio de 75 años) el 15% con más de 80 años y, la gran mayoría, en muy precarias condiciones de salud.

En momentos en que la Patria nos está tratando injustamente, tramitados por una justicia lenta y manipulada, sumidos en el olvido de muchos, no han logrado socavar nuestro honor, ni desviarnos del cumplimiento del deber. Seguimos incorporados al destino de una nación que nos exigió protagonismo y que lo asumimos como soldados.

Los conscriptos de la época, que eran los más jóvenes, hoy ya tienen más de 60 años. Pese a al tiempo transcurrido en un actual escenario en que no tenemos a quien mandar ni a quien obedecer, aún se nos acusa de tener gente secuestrada en procesos interminables, patrocinados por parte de los gobiernos democráticos, eternizando la venganza y el revanchismo. Aplican leyes de “lesa humanidad” que Chile suscribió y promulgó el 18 de julio de 2009 y no pueden tener efectos legales en hechos ocurridos antes de su puesta en vigencia.

 No hay Ejército de ayer ni de hoy; es el mismo y no se puede excluir a ninguno de sus integrantes, ni activos, ni pasivos. Fuimos parte viva y relevante del Gobierno de las Fuerzas Armadas y de Carabineros y les hicimos camino a los mandos siguientes para llegar a las jerarquías que ostentaron.

 Lo ocurrido ese 11 de Septiembre de 1973, es furia y derrota de un sector revanchista de la izquierda, en la que imperan el odio y la venganza, “el ni perdón ni olvido”, pero tengamos siempre presente que ante el peligro nacional, el país siempre se agrupará junto a sus FF.AA. y de Orden, aquellas por las que ha habido escaso injusto pago, para una deuda tan grande que se les debe.

 No debemos olvidar jamás que Chile es un país fundado por el Ejército y que requiere de sus Fuerzas Armadas para sostenerse. La opinión pública, más temprano que tarde, deberá reconocerlos y rehabilitarlos en el lugar que les corresponda. La libertad y la democracia de la cual se vanaglorian, fueron rescatadas en la mañana de un once de septiembre  hace cuarenta y un años. Es el legado que se le entregó a los políticos, después de 17 años de sacrificio.

 ¡Lamentablemente en Chile a los patriotas solamente se les reconoce con el tiempo, porque la gratitud no es inmediata!

Estamos en una etapa en que se privilegian los cambulloneos políticos y los pagos electorales, en que se somete la moral y se hace primar el evangelio de los antivalores. Igualmente debemos ponernos de pie, convencidos de que la recta actitud hacia Chile la tenemos nosotros.

Estas fechas históricas nos renuevan en una vena inextinguible de heroísmo individual. Qué triste es no contar con la voluntad del mundo político; la izquierda es lapidaria y mentirosa y la derecha insolidaria, cobarde y temerosa, es decir, tuertos con el ojo izquierdo y tuertos con el ojo derecho. La D.C. ha perdido el equilibrio de su tolerancia de centro, por el apremio de la izquierda marxista, materializada a través del Partido Comunista, su turbio aliado, que constituye sin percatarse, una desventaja para sí mismo que les costará muy caro. La Nueva Mayoría, o “Nueva Unidad Popular”, quieren aparecer con nuevas ideas, pero son los mismos fracasados objetivos estatistas de antaño y los resultados ya los estamos empezando a palpar.

Pareciera que a los chilenos les gusta el derrumbe, a los veinte minutos de ocurrido un terremoto estamos haciendo un asado sobre los escombros, y nunca sacamos provecho ni escarmiento de los desastres: en 25 años se ha malogrado un bello destino, defraudando las esperanzas de mucha gente.

Se está ejecutando una venganza anacrónica e injusta, patrocinada por quienes intentaron ayer imponer Milicias Populares, y hoy los vemos en un pobrerío adocenado y rendidos de rodillas por las migajas llamadas transformaciones educacionales, culturales, sociales, ecológicas, pidiendo cambios, reformas tributarias, modificaciones a la Constitución Política de la República con una Asamblea Constituyente inconducente. Siguen sometiendo y reduciendo a servidumbre a los cándidos e ingenuos de siempre, que salen a protestar sin tener idea por qué lo hacen, con movilizaciones de jóvenes imberbes, desmanes y saqueos de encapuchados que pretenden demencialmente transformar al Estado.

Vivimos un mundo corrosivo, de la farándula adictiva y delictiva. Muchos políticos engañan y encuentran a muchos que se dejan engañar.

Cada vez que llega el mes de Septiembre, aparece como por arte de magia una denuncia contra el General Pinochet en grandes titulares y profusa difusión de prensa, radial y televisiva. El Capitán General desvía la atención de todo lo que ocurre en el país, y es el recurso que logra con su persona concertarlos a todos después de cuatro décadas.

 Los DD.HH. son recurrentes, y nadie defiende que Pinochet evitó dos guerras con nuestros vecinos y una guerra civil interna. Gracias a los Servicios de Seguridad de la época, se frustraron numerosos atentados de terrorismo selectivo; se desactivaron cientos de bombas que habrían matado a víctimas inocentes. Gracias a la CNI se desmanteló Carrizal Bajo, con 90 toneladas de armamento y explosivos que de haber sido empleados para sus malos propósitos, los chilenos asesinados serían miles. Este arsenal fue aportado por Cuba y administrado por el actual Presidente y diputado del Partido Comunista, Guillermo Teillier, alias Sebastián Larraín, autor confeso de esta canallada. Hoy son parte del gobierno, y están integrados  a inocentes colectividades políticas que no se dan cuenta que están durmiendo con el enemigo, haciéndose cómplices del ingreso de sus secuaces al Congreso.

El General Pinochet, entregó nuestro país en el umbral del desarrollo; él abrió las Alamedas por las que hoy transitan los políticos después de haberse sometido voluntariamente al mandato popular que se decide en las urnas; pero lo que es irrebatible, entregó Chile con un 7% de crecimiento anual y un 5% de cesantía. En 25 años en manos de los políticos, la cesantía no han logrado reducirla a esa cifra y con suerte se anuncia, con muchas expectativas, que el próximo año podríamos crecer en un 3%.

 Chilenos, la historia es demasiado seria para ser dejada en manos del impune aparato comunicacional, de los historiadores mentirosos o de Ministros Especiales de los Tribunales, que tienen la legítima aspiración de querer llegar a ser Supremos y que esa designación ineludiblemente pasa por la voluntad de los políticos y del gobierno de turno.

           Es importante mencionar,  que el período de gestación e implementación de la mayoría de los sistemas, modelos e innovaciones que dieron forma al Chile actual,   no estuvo libre de grandes dificultades. Estas reformas se idearon y se llevaron a cabo  en una época especialmente compleja, enfrentando grandes obstáculos internos e internacionales:  desde la ruina total que legó el gobierno social marxista a Chile,  a la mayor conspiración internacional que se haya intentado contra una nación libre, con internación clandestina de toneladas de armamentos, el intento de magnicidio en contra del Presidente de la República, más el  mezquino bloqueo financiero y la difamación mundial promovida por el Partido Comunista y la Internacional Socialista; a lo que se sumaron  hasta las primeras grandes  crisis económicas globalizadas que estremecieron al mundo financiero, en 1978 y luego, en 1982. 

           Fuimos el primer país en el mundo,  capaz de  impedir que se asentara en su territorio una dictadura maligna y atea. La misma que, poco después, comenzó a derrumbarse a pedazos en la Unión Soviética  y Alemania Oriental.  , dejando a la vista la gran mentira de sus postulados socialistas y  la magnitud del genocidio cometido detrás de la Cortina de Hierro, del Muro de Berlín y del mito revolucionario de Sierra Maestra, en Cuba.             

           En contraposición al gobierno de Allende, que sumió  a Chile en la violencia, la desorganización  y la ruina, el Gobierno del Presidente Pinochet  trajo el orden, la paz y el progreso, dejando como legado un país, que hoy en día, es un modelo a seguir para muchas naciones en el mundo.       

           A pesar de todos los esfuerzos realizados por  la clase política, que ha gobernado el país  en las últimas dos décadas,  para desvirtuar o apropiarse de la obra del Presidente Pinochet,  es innegable que el tiempo y la historia se  están encargando de hacer justicia a su genuino creador. Difícilmente estos gobiernos democráticos tendrían un 44% de apoyo ciudadano después de 17 años de gobierno.

Una fecha memorable

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El 11 de Septiembre de 1973 las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile asumieron el gobierno del país evitando una inminente guerra civil y liberando a Chile de caer en un régimen totalitario marxista leninista que en esa época estaba en su apogeo en la mitad del mundo. Esto no lo digo yo. Lo dijo el ex Presidente demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, el ex Presidente radical Gabriel González Videla, lo dice el ex Presidente demócrata cristiano Patricio Aylwin Azócar, entre muchos otros políticos incluidos algunos de izquierda.

Junta

Con ello se puso término definitivo a los mil días de un gobierno que actuó al margen de la ley y llevó a Chile a una súper inflación, crisis institucional, tomas ilegales, divisiones entre chilenos y la declarada intención de armar a la ciudadanía para tomar el poder total por la fuerza y transformar a Chile en un satélite de la Unión Soviética y Cuba,

A este plan Salvador Allende le llamó “la vía pacífica al socialismo”, denominación que no tenia sino un hipócrita ocultamiento de las reales intenciones. Para implementar esa “vía pacífica”, el gobierno introdujo al país un ejército paralelo de 16.000 guerrilleros cubanos, fuertemente armados.

Al gobierno de Allende se lo presenta ante las nuevas generaciones como un “gobierno constitucional” víctima de un golpe militar. Esto no es más que un engaño . El gobierno de Allende fue inconstitucional. Esto no es una apreciación personal. Lo declaró, oficialmente, el Congreso Nacional, el mismo que había erigido a Salvador Allende como Presidente de Chile. A fin de ser proclamado tal, Allende firmó un “Estatuto de Garantías Constitucionales” exigido, candorosamente, por el Partido Demócrata Cristiano. A los pocos días de haber asumido, Salvador Allende se disculpó de haberlo firmado ante el periodista francés Regis Debray, una especie de fiscal marxista internacional que vigilaba estos procesos. Declaró que no se trataba sino de un movimiento “táctico” pero que no tenía intención alguna de cumplir lo firmado, esto es, de someterse a la Constitución.

El 11 de Septiembre de 1973, fecha que hoy rememoramos, asumió el Gobierno Militar para detener ese proceso de degradación política que dañaba la convivencia nacional y que nos conducía, inexorablemente a una dictadura totalitaria marxista leninista, con la secuela de miseria, hambruna y atroces atropellos a los Derechos Humanos que caracteriza a esos regímenes.

Soy chileno. Amo a mi Patria, amo la verdad, amo la justicia.

Me irrita y angustia la forma como los políticos profesionales, sólo por satisfacer sus bastardas ansias de poder, desprecian esos valores.

Me irrita y angustia más aún, la ingenuidad con que vastos sectores ciudadanos acogen y hace suya la falsedad con que se pretende desacreditar a Gobierno Militar.

Se le presenta como una “dictadura” en oposición a la democracia.

En 1973, sin embargo, lo que hicieron las FF AA y Carabineros, fue impedir el advenimiento de una feroz y real dictadura.

En 1973, no existía la democracia. El Gobierno Militar la reconstruyó. La actual democracia es su obra.

En 1973 no existía el estado de derecho. El Gobierno Militar lo repuso.

En 1973 la institucionalidad estaba devastada. El Gobierno Militar la restableció redactando la Constitución Política de 1980 vigente hasta hoy, la que tuvo el consenso de sus opositores..

En 1973 no existía respeto alguno por los Derechos Humanos. La Constitución de 1980 los garantiza.

En 1973 la economía estaba en ruinas, no había producción ni trabajo ni siquiera alimentos. En 1990 el país crecía al 7.5 % anual sostenido con menos de 5% de desempleo. El país dejó de ser mono exportador y su economía llegó a ser una las más emergentes del mundo, si no la más. Internacionalmente se habló dos veces del “milagro chileno”. A Chile se le motejó de “jaguar”. ¡Qué distinto respecto de la situación actual!.

La obra del Gobierno Militar fue gigantesca. La creación de instituciones, la construcción de obras públicas y la promoción social son enormes.  Detallarlas ocuparía volúmenes.

En materia legislativa, sin ocupar sino a 5 legisladores y un grupo reducido de asesores, sin pompa, ni edificios fastuosos, ni salones alfombrados, ni lujosas y exclusivas cafeterías. promulgó la Constitución Política de la República y más de 4000 atinadas leyes que permanecen vigentes formando parte importante de la regulación de la convivencia nacional, Al Congreso, a su ritmo, con un batallón de legisladores (cuyo número se quiere aumentar) y con presupuestos exorbitantes, ese trabajo le tomaría más de 50 años.

Estos éxitos fueron una puñalada para los políticos profesionales. Los hombres de armas resultaron ser mejores políticos que los políticos. Son gente disciplinada que se ocupa de cumplir las misiones que se les encomiendan sin tener la necesidad de hacer el proselitismo que constituye el 90% de la actividad de los políticos.

Los políticos se vieron privados de sus sinecuras por un tiempo. Y eso no lo perdonan. En represalia, la izquierda, incluida la democracia cristiana, principal impulsor del pronunciamiento militar, se ha esmerado en ocultar esa exitosa obra y en denigrar, injustamente, al Gobierno Militar.

A falta de otros argumentos válidos, el Gobierno Militar es continuamente acusado de graves atropellos a los DD HH. Pero ninguno de los acusadores hace mención alguna acerca del contexto en esos hechos ocurrieron. Durante los 17 años del Gobierno Militar hubo una guerra emprendida, principalmente, por los partidos comunista y socialista a través de sus brazos armados el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario) y el FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez) en contra del gobierno. Se niega que hubo una guerra porque no hubo batallas, ocupaciones ni otros elementos que caracterizan a ese fenómeno

Según la definición universalmente aceptada de Karl von Clausewitz “la guerra es un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”, “es la continuación de la política por otros medios”. Dicho de otro modo, es la política por la fuerza. En Chile, los opositores al gobierno intentaron imponerse por la fuerza armada, y eso es guerra. El hecho de haberse tratado de una guerra de guerrillas y de no haberse materializado batallas campales y bombardeos, no le hace menos guerra. Hubo una guerra civil, que es la más cruenta de todas las guerras porque interviene el odio.

En Chile hubo víctimas por ambas partes. Y si las fuerzas opositoras no causaron más daños fue no fue por falta de voluntad sino porque no pudieron hacerlo. Los atropellos a los DD HH ocurrieron desde ambas partes. Carabineros y militares asesinados por sorpresa y a mansalva, bombas, actos incendiarios, con muchas víctimas inocentes eran perpetrados a cotidiano. Hubo, incluso, un intento de magnicidio que no prosperó sólo por torpeza de los hechores, pero causó cinco víctimas fatales. Estos hechos, a medida que iban ocurriendo, generaban una odiosidad creciente hasta hacerse incontrolable. Port eso ocurrieron excesos que nadie aprueba pero que es posible entender.

Resulta muy fácil condenar desde un calefaccionado escritorio sin haber vivido la situación por parte de personas que  probablemente no estarían vivas o no habrían nacido si los planes comunistas de Allende hubiesen prosperado.

Édison Aranda

11 Sep 2014

La demonización comunista del “Lucro”

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 lucro

 

LA DEMONIZACION COMUNISTA DEL “LUCRO”

Por Patricio Amigo

El principio fundamental del socialismo marxista-leninista, que reza:  “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad”   dejó de existir en el mundo, porque llevaba en su ADN el germen de su destrucción.

En Rusia y en China, los multi-archi millonarios que disfrutan del libre mercado, se ríen o simplemente les da pena por lo que pasa en Cuba o Venezuela.

Y es que los líderes de países que siguen predicando el trasnochado principio de la igualdad socio-económica no tienen espaldas. Tampoco tienen inteligencia ni recursos para generar Poder Estatal, con la explotación laboral de sus pueblos. Entonces, la inmensa utilidad del trabajo sin incentivos va a parar a las alforjas de los líderes. Y sus pueblos se conforman con la protección de salud, la alimentación como “necesidad satisfecha” y la mañosa y sectaria educación estatista.

¡Ni pensar en lujos como la ropa, el mobiliario, la movilización particular. No. Nada de sacar provecho. “De cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad”, y punto.

Hoy, dejémonos de leseras, el contumaz principio de la igualdad socio-económica, sobrevive sólo en Cuba y trata de imponerse, con la ayuda del petróleo venezolano, en Argentina, Bolivia, Uruguay y …Pero, sin imaginación.

En CHILE, los comunistas son más creativos. Aquí, donde el trasnochado marxismo-leninista ya fue despreciado, cuando se presentó como Unidad Popular y derrotado, cuando pretendió imponerse con la violencia terrorista, los comunistas, al amparo de la “simpatía del bacheletismo” y con la insolente ingenuidad del estudiantado huelguista, están asomándose con la máscara semántica de EL LUCRO. Una fanfarrona caricatura del abusivo principio de “a cada uno según su necesidad”.

Porque, ¿qué es REALMENTE el lucro?

En nuestro idioma, el termino LUCRO no tiene nada de diabólico ni escandaloso. Ni siquiera tiene una pisca de maldad. Más bien, el LUCRO es lo que se desea conseguir u obtener. Y lucrar es sacar provecho de algo. El cirujano lucra con el buen resultado de su cirugía y, también, naturalmente, con los honorarios. El almacenero lucra con la venta de todas y cada una de sus menestras y el pastor religioso lucra con la subordinación de sus fieles, que comulgan con su doctrina.

En fin, en la máxima corrección semántica, LUCRAR es sacar provecho y sacar provecho es progresar. Definitivamente, lucrar es progresar, sacar provecho, ganar, avanzar SUPERARSE.

Y los comunistas odian la superación. Todos hablan con el mismo estilo. Está intrínsecamente prohibido el lenguaje con brillo. No se permite el lucro idiomático.

 

El retorno de la subversión a Chile

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Robot

 

La noticia gira a través del mundo, mientras en Chile tomamos conciencia de un cambio radical en nuestras vidas:. ¡Bomba terrorista explota en el Metro de Santiago! Después de largos años viendo cómo se deterioraba nuestra calidad de vida ciudadana, hoy hemos llegado a lo que todos sabíamos que terminaría ocurriendo: el retorno en gloria y majestad de la Subversión, esa forma de acción subrepticia que tanto incomoda mencionar a quienes se han servido históricamente de ella para alcanzar sus objetivos políticos. La mejor definición que podemos encontrar para calificar un acto subversivo es la que lo describe como “una acción destinada a subvertir (trastocar, dar vuelta) el orden establecido”. Durante años hemos observado a las autoridades evitando a toda costa el empleo de terminología que pudiera ser asociada al Régimen Militar.

De este modo, el que podemos llamar “complejo militar” ha llevado a la clase política a acostumbrarnos a que quien pone una bomba en la vía pública no es necesariamente un terrorista; que quien asalta un banco con armas automáticas y de largo alcance es tan solo un delincuente común; que el acto de quemar vivo a un matrimonio anciano es solo una expresión de la frustración de una raza maltratada por la sociedad; que quien embosca con armas de fuego a un fiscal de la República y a Carabineros de Chile no es un subversivo; que el asesinato de un Senador en democracia es tan solo un acto político; que quienes lanzan bombas incendiarias contra la policía son solo grupos exaltados; que quienes son capturados poniendo bombas en Chile merecen ser dejados en libertad por tribunales garantistas, mientras son encarcelados en España por pretender hacer lo mismo; que quienes asesinaron a cinco escoltas presidenciales son jóvenes idealistas, sino héroes del pueblo; etc.

Sirve de marco para este peligroso relajamiento de los sistemas de alerta que previenen la ruptura del orden establecido, la promulgación hace unos años de una reforma al sistema procesal penal que –motivada por el mismo “complejo militar”− produjo un brusco giro desde el estilo autoritario e injusto, en que el juez era también parte y presumía de entrada la culpabilidad del imputado, para reemplazarlo por un sistema en extremo garantista, donde el delincuente se presume inocente y pasa a ser un protegido del estado, quien lo defiende de la policía y le asegura un trato mucho mejor que el que se otorga a las víctimas. Por supuesto que ese sistema antiguo, desechado –como se dijo− por injusto, tiene plena vigencia hasta el día de hoy para los militares, segmento de la sociedad chilena que recibe el trato abusivo completamente descartado para el resto de sus compatriotas, en una discriminación grosera de su condición ciudadana y mientras los delincuentes disfrutan de los beneficios del nuevo sistema.

Se sabe que cualquier estado serio debe contar con un Sistema de Inteligencia que provea a sus gobernantes la información útil necesaria para la prevención de los hechos que afecten a la Seguridad Nacional, ya sea que provengan de amenazas externas como de aquellas que se originan en el corazón de la sociedad. Ésta es la única forma en que el gobierno de turno puede cumplir su deber de garantizar la seguridad a sus conciudadanos. Ello, sin embargo, fue simplemente omitido por los gobiernos de la Concertación y ninguneado por el gobierno de Piñera, configurándose así una injustificable negligencia constitucional que nos expone a vernos inmersos −repentinamente o con muy poco aviso− en una guerra subversiva o de guerrillas (otra palabra que provoca urticaria en la clase política) de insospechadas consecuencias. Es cosa de pensar en lo ocurrido en Colombia hace más de cuarenta años, cuando comenzó la aventura de las FARC y comprobar a lo que han llegado en la actualidad, cuando ejercen pleno dominio armado sobre sectores importantes del territorio, adonde la autoridad del gobierno no es capaz de llegar.

¿Cuánto nos faltará para que ello comience a ocurrir en la Araucanía? ¿O estará ya ocurriendo sin que nos sea permitido saberlo? Es un hecho reconocido universalmente que –cuando la situación escale hasta donde muy probablemente escalará− todo lo que se haga será inoportuno, como si se tratase de apagar un incendio declarado, en vez de haberlo hecho mientras era apenas un amago. Pobres Carabineros cuando llegue ese momento, en especial cuando se pretenda que enfrenten con perdigones de goma y gases lacrimógenos a guerrilleros armados con fusiles M16, entrenados y quizás hasta dirigidos por instructores extranjeros o por chilenos formados, entrenados y ambientados en Angola o Nicaragua.

 Por fortuna y gracias al legado visionario plasmado en la Ley del Cobre, nuestras FF.AA. han podido seguir equipándose hasta alcanzar el nivel disuasivo que hoy nos da seguridad y paz. De otro modo, el “complejo militar” también nos tendría en absoluta desprotección frente a las ambiciones de nuestros vecinos. Al respecto, cabe considerar que −al igual que en el caso de las amenazas externas− los movimientos subversivo-terroristas no se desarrollan en un día, sino que requieren de una serie de elementos que los alimenten progresivamente, entre los cuales podemos mencionar algunos que la debilidad de nuestros gobernantes y las reminiscencias oscuras de su pasado les ofrecen generosamente:

- Causa o motivación política: expresada por ejemplo en la “reivindicación del pueblo mapuche” o la “injusticia social del modelo”, condiciones exacerbadas precisamente por políticos irresponsables, ávidos de poder y de gloria, pero carentes del sentido de estado.

 – Escenario internacional favorable: sembrado generosamente a partir de la campaña anti-chilena desarrollada durante los años de exilio dorado por los que hoy gobiernan y estimulado por la sostenida campaña del “ni perdón ni olvido”, oda que incita a la violencia anti-sistema y anti-estado, mientras se disfraza con la búsqueda de la justicia.

- Sustento financiero: conseguido en parte a través de las mismas redes de financiamiento internacional creadas y profusamente explotadas por el mundillo político que vivió en el exilio y −desde hace un tiempo− por la creciente “recuperación” de cajeros, camiones blindados, aeropuerto, etc., a la que nadie consigue poner coto.

- Apoyo comunicacional: otorgado por la invariable irresponsabilidad de medios de prensa izquierdistas o dotados de un interés exclusivamente comercial, ambos sin el menor compromiso ético o moral con el bien común.

- Debilidad represora: dada por las restricciones a la acción policial, la cobertura de organizaciones de derechos humanos, la falta de coraje de la judicatura involucrada y la bajísima penalidad para los actos terroristas, garantizada por el temor de aplicar las herramientas legales disponibles.

Podríamos mencionar una serie de otras condiciones que estimulan la formación de movimientos subversivo-terroristas en Chile, pero en particular podemos destacar la reinstalación de la lucha de clases, en un pueblo que había descubierto el valor de las metas conseguidas por el esfuerzo propio y que ahora es inducido a la flojera y a la espera del goteo proveniente del estado benefactor. Todo ello, en medio de las mismas pomposas declaraciones de siempre que ya suenan a la máxima estupidez, cuando se dice que “se aplicará el máximo rigor de la Ley…”

Patricio Quilhot Palma.

“Saludo a todo Chile”

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Junta

 

“Saludamos a todos los chilenos en el día que señala la fecha fundacional del Chile del siglo XXI.”
“La tarea de reconstrucción efectuada por toda la Nación y las FF.AA y de Orden a partir del 11 de septiembre de 1973, sigue siendo reconocida por todos los chilenos amantes del orden y seguridad, al mantenerlas como las Instituciones mejor evaluadas en índice de la confianza ciudadana.”
“Sin embargo, hay un tema pendiente, mientras delincuentes, subversivos, terroristas y asesinos de militares y policías han sido indultados, amnistiados o protegidos; quienes combatieron y crearon las condiciones que nos dieron la seguridad y orden imperantes que permitieron el progreso de la Nación, en la actualidad han sido condenados sin el debido proceso y faltando a principios jurídicos universales como la prescripción, irretroactividad de la ley, figuras penales ficticias y la no aplicación de las leyes de amnistía.”
“No descansaremos de hacer presente, en todos los lugares posibles y ante quien sea necesario, esta irregular situación que hiere el concepto de justicia y solidaridad de todo chileno.”
“Jamás abandonaremos a los que expusieron su vida por la grandeza de Chile.”
Esta inserción publicada en la edición de este día 10 de septiembre en el diario La Tercera, es firmada por veinte asociaciones, centros de personal de las FF.AA y de Ordem (r) así como agrupaciones de jubilados y montepiados de las Instituciones de la Defensa Nacional, Uniones y Centros de Oficiales y de Generales y Almirantes (r), la hacemos nuestra.
Y la subscribimos, en momentos que arrecia la ofensiva de la izquierda odiosa y revanchista, que no solo impulsa la apertura -o reapertura- de nuevos procesos contra militares por hechos largamente prescritos, principio que muchos jueces no aplican. En esta fecha clave para la historia patria, nuestra sociedad es atacada por facciones ultristas cuya filiación es claramente marxista o tributaria de esa ideología.
Desde el Congreso el Partido Comunista impulsará varias iniciativas para prohibir la realización de actividades tales, como el homenaje a figuras del Régimen Militar, honrar su recuerdo o conservar estatuas.
“Vamos a pedir que todo aquello relacionado con la apología de la ‘dictadura’ sea prohibido para que se terminen todos los homenajes a figuras de la dictadura” dijo Hugo Gutiérrez, este diputado formará parte de la Comisión Investigadora de la Cámara por el escándalo de la U. Arcis, manejada hasta hace algunos meses por su propio partido, el que allí lucraba “dicen”.
También pretenden derogar la Ley de Amnistía. Y por otra parte, personeros como los ministros de Justicia o el de Defensa “evaluan” el cierre del penal de Punta Peuco, mientras siguen las condenas y continúa el ingreso de más ancianos y enfermos, ex uniformados a dicho recinto;  o procuran degradar a los militares presos, en una muestra adicional de odio y venganza.  El PC claramente ha dicho que no quiere la reconciliación y actúa en consecuencia.
Olvidan que las FF.AA y de Orden hicieron aquello que los políticos fueron incapaces de hacer. Del PC nada puede extrañar. En cambio, otros, que hoy aparecen aliados con ellos, buscaron a los soldados para después abandonarlos y perseguirlos. Las FF.AA el 11 de septiembre de 1973, actuaron para salvar a Chile del totalitarismo marxista y preservar sus libertades y su identidad. Recuperaron la democracia, la convivencia social e instalaron el progreso y desarrollo económico de nuestra Patria. Precisamente aquella tarea para la cual se revelaron incapaces los partidos políticos y los dirigentes de entonces. Nada aprendieron, no cambiaron pero hoy, insisten en desunirnos. ¡Despierta Chile!