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CARTA A MARCO ENRÍQUEZ-OMINAMI SOBRE DESVENTURAS DEL “IDEALISMO”.

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“Espero que estas líneas te ayuden a comprender mejor a tu padre y a quienes nos dejamos llevar por la tentación de la bondad extrema. No es una excusa por lo que hicimos, pero sí un intento de explicarlo que, a mi juicio, le debemos a Chile”, escribe el chileno ex miembro del Parlamento de Suecia, quien fue parte del MIR y luego se alejó del marxismo para siempre.

Mauricio Rojas.

Publicado 17.10.2014

 

Estimado Marco:

He visto la reciente entrevista en CNN donde dijiste que habrías sido mirista y calificaste al MIR como “un movimiento intelectualmente preclaro, brillante”. No es la primera vez que te expresas de esa manera. Así, por ejemplo, en una entrevista de julio de 2013 decías: “Yo habría sido mirista cien veces, porque creo que era una forma de entender la política muy fascinante, de mucha lucidez”. No se trata, por lo tanto, de un desliz ni de una pose, sino de algo sobre lo que has reflexionado largamente cosa nada extraña siendo tu padre la figura sin duda más prominente de lo que fue el MIR.

Es por ello que te escribo, pero no solo por ser quien eres sino por todos aquellos jóvenes que te escuchan pronunciarte de esa forma acerca de un movimiento que fue uno de los grandes responsables de la entronización de la violencia política en Chile y la destrucción de aquella democracia que personas como tu padre tanto despreciaron y tanto hicieron por hundir. Me cuesta entender que se pueda considerar como intelectualmente preclara una propuesta política que propugnaba la así llamada dictadura del proletariado y la insurrección armada contra la democracia, como lo hizo el MIR desde su fundación a mediados de los años 60. O usar calificativos como brillante, lúcido y fascinante para referirse a un movimiento que se inspiraba en regímenes dictatoriales como el de Cuba, China, Vietnam o Corea del Norte y que tenía por ícono a Lenin.

Entiendo tu dilema personal. Es también el mío, pero en cierta medida aún más cercano ya que yo fui mirista e incluso llegué a conocer a tu padre, que estuvo un par de veces en nuestra casa de la calle Catedral. Además, mi madre fue socialista y estuvo detenida en Villa Grimaldi en 1975. Lo que te quiero comunicar no es por ello una reflexión distante sino un relato, que conoce algunas versiones anteriores, de mi intento por comprender tanto la atracción como la peligrosidad de ideas como aquellas en las que tanto tu padre como muchos otros creímos. Permíteme empezar con algunos recuerdos de mi abuelo en el Chile de los años 60.

Mi abuelo me hablaba siempre de la soberbia. Me miraba con cariño pero también con temor cuando yo le contaba, lleno de entusiasmo, de mis ideas revolucionarias, de cómo pronto cambiaríamos completamente el mundo y liberaríamos al ser humano de todo aquello que lo atribula, humilla y empequeñece. Él era profundamente religioso y no podía dejar de reconocer la veta mesiánica en su nieto. Conversábamos largamente bajo el parrón de nuestra casa en ese Santiago de comienzos de los años sesenta, que pronto vería llenarse sus calles de jóvenes como tu padre y como yo, deseosos de revolución. Mi abuelo insistía en la soberbia y yo lo miraba como una reliquia del pasado.

Todo lo que él quería decirme está plasmado en una frase de Jesús en los evangelios cuya profundidad no entendí sino mucho después: “Mi reino no es de este mundo”. Es una advertencia sabia, un llamado a la modestia acerca de lo que humanamente podemos alcanzar. Con mi abuelo hace ya mucho que no puedo conversar. Un ataque al corazón puso fin a su vida en 1968 y no alcanzó a ver como su Chile tan querido se hundía en una lucha fratricida que terminaría desquiciando a su pueblo y destruyendo su antigua democracia. Yo sí lo vi y, además, puse mi granito de arena en esa triste obra de destrucción. Ni cambiamos el mundo ni liberamos a nadie. Terminamos como mártires o como víctimas, y como tal nos acogieron generosamente por todas partes. Pero también podríamos haber terminado como verdugos, como lo han hecho todos aquellos que han llegado al poder inspirados por la idea de la transformación total del mundo y la creación del hombre nuevo.

A esta triste certidumbre llegué hace ya mucho tiempo, cuando luchaba contra mí mismo a comienzos de los años 80 en la biblioteca universitaria de aquella hermosa y apacible ciudad del sur de Suecia llamada Lund. Allí escribí mi tesis doctoral, Renovatio Mundi, que no es otra cosa que un arreglo filosófico de cuentas con aquellas ideas que en nombre de la redención de la humanidad nos invitan a lo que no es otra cosa que un genocidio, es decir, a la destrucción del ser humano tal y como es para poblar al mundo con una nueva especie, salida de nuestros sueños utópicos. Es precisamente ese sueño deslumbrante el que un día nos lleva, como dijo Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, a “purificar, purgar, expulsar, deportar y matar”. Es la soberbia en acción, la hybris del bien o la bondad extrema que nos lleva a su contrario. De ello me hablaba mi abuelo al final de su largo peregrinar, pero su nieto tuvo que recorrer un largo camino para entenderlo.

El camino que emprendí tuvo su punto de partida en lo que para mí era evidente por mi propia experiencia: que la fuerza de los movimientos que pretenden instaurar el paraíso en la Tierra –como lo hace el marxismo con su propuesta del comunismo– está dada por su capacidad de atraer a aquellos sin los cuáles esos movimientos no llegarían muy lejos, a saber, a los altruistas e idealistas o, para decirlo de otra manera, a aquellos que se van a entregar a la causa de la revolución con la devoción de un santo, poniendo de una manera ejemplar todas sus fuerzas e inteligencia al servicio de una causa que para ellos encarna la bondad plena. Justamente por ello los admiramos y se hace tan difícil entender que se trata de seres –como tu padre y mi madre– que se hacen revolucionarios para hacer el bien pero terminan –si tienen la oportunidad– haciendo un mal espantoso. Ese fue mi punto de partida, la dramática paradoja que necesitaba explicar.

La conclusión a la que llegué es que las propuestas revolucionarias en general y el marxismo en particular eran una secularización del pensamiento mesiánico que atraviesa –creando grandes tensiones y conflictos muchas veces sangrientos– toda la historia del cristianismo. Se trata de la idea del retorno inminente del Mesías y la instauración del Reino de Cristo en la Tierra de que habla el Apocalipsis, un reino de armonía y felicidad que duraría mil años –por ello se conoce a estos movimientos como milenaristas–, y que definitivamente superaría la condición precaria de la vida tal como la hemos conocido hasta ahora, recreando al mismo ser humano, que sería así convertido en un hombre nuevo para un mundo depurado del mal.

Propio del mesianismo –tanto medieval como moderno, religioso o ateo– es la creencia no solo en la cercanía de un paraíso terrenal sino en la intervención de un grupo iluminado que juega un papel protagónico en la gran conflagración que, según el arquetipo bíblico, precedería a la recreación del mundo y del hombre. Se trata de la “vanguardia revolucionaria” –para usar la jerga mirista tomada del leninismo– que con su accionar abre paso a la instauración de una sociedad sin clases ni egoísmos, donde impera la justicia, la armonía y la abundancia.

Todo ello modernizado en el caso del marxismo, usando un lenguaje seudocientífico, mediante el cual el plan redentor de la Divina Providencia se convierte en las “leyes de la historia”, impulsadas por el desarrollo incontenible de las fuerzas productivas y finalmente descubiertas por Marx y el “socialismo científico”. Así, la victoria del comunismo no es concebida como un acto antojadizo de voluntad –si bien requiere de ella en la forma de esa violencia revolucionaria que Marx y Engels llamaron “la partera de la historia”– sino como la conclusión necesaria e inevitable de la historia de la humanidad.

Este fue el marxismo que me “robó el alma” cuando yo era muy joven, esa fue nuestra fe, una religión atea deslumbrante que nos invitaba a jugar a ser dioses. Por ella nos convertimos en revolucionarios profesionales, en “bolches”, como decíamos en esos tiempos con tanto orgullo. Me dio –al menos así lo creía entonces– una comprensión total de la historia y un rol sublime en una gesta épica de proporciones grandiosas. ¿Cómo negarse entonces a tomar parte en ese capítulo extraordinario de la historia de la humanidad? ¿Cómo no entregarse de lleno a esa fiesta de liberación de nuestra especie de todos aquellos males que siempre la habían aquejado? ¿Cómo no ser santo, misionero y mártir de una causa tan bella por la cual, sin duda, valía la pena dar la vida propia y también la de muchos otros?

Pero es justamente allí, en esa entrega total y sublime, donde se enturbian definitivamente las aguas cristalinas de la utopía y Maquiavelo aparece, donde la bondad extrema del fin puede convertirse en la maldad extrema de los medios, donde la supuesta salvación de la humanidad puede hacerse al precio de sacrificar la vida de incontables seres humanos, donde se puede “amar” al género humano y despreciar a los hombres de carne y hueso. Che Guevara lo expresó con claridad en su célebre Mensaje a la Tricontinental: “qué importan los peligros o el sacrificio de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad”. Y por ello mismo nos instaba a transformarnos en una “fría máquina de matar” a fin de poder materializar el sueño revolucionario del hombre nuevo.

Es en ese intersticio de amoralidad absoluta –también llamada, como bien lo sabrás, “moral revolucionaria”–, donde todo lo que fomenta la causa de la revolución está permitido, que se ubica la alabanza a la violencia de la revolución comunista hecha ya por el joven Marx o el llamado de Lenin a usar “todos los procedimientos de lucha”, incluyendo explícitamente el terror, y a “no escatimar métodos dictatoriales” para instaurar la utopía comunista. Ya en 1901, en el cuarto número de su periódico clandestino (Iskra), escribió: “En principio nunca hemos rechazado, ni podemos rechazar, el terror”, y después del golpe de Estado que lo llevó al poder en 1917 hizo justamente del terror su arma fundamental de opresión (no olvides que la feroz policía política leninista, la Cheka, fue creada ya ese mismo año). Todo eso es importante recordarlo, ya que nosotros fuimos marxistas-leninistas en serio, es decir, dispuestos a morir y a matar por la revolución.

Los “campos de la muerte” de Pol Pot o el intento demencial de la revolución cultural de Mao y sus guardias rojos de borrar la herencia cultural de la humanidad para crear, desde cero, un nuevo tipo de ser humano, son hijos del mismo espíritu mesiánico, donde un fin que se propone como sublime justifica los medios más atroces. Por ello es que un día no solo podemos sino que debemos convertirnos, cuando las circunstancias así lo requieren, en dictadores, inquisidores y verdugos.

Esto fue lo que entendí un día, pero lo entendí no como un problema de otros o de una categoría especial de seres singularmente malos, sino como un problema mío y de los seres humanos en general. Vi todo ese potencial de hacer el mal que todos, de una manera u otra, llevamos dentro y vi como yo mismo podía transformarme en un ser absolutamente amoral y despiadado respecto del aquí y el ahora con el pretexto de un más allá y un mañana gloriosos.

Así pude reconocer en mí al criminal político perfecto del que tan certeramente nos habla Albert Camus en El hombre rebelde: aquel que mata sin el menor remordimiento y sin límites ya que cree hacerlo a nombre de la razón y el progreso. Y me di cuenta de que yo no era esencialmente distinto de los grandes verdugos del idealismo desbocado, de los Lenin, Stalin, Mao o Pol Pot, pero también, a su manera, los redentores totalitarios de todos los tiempos. Y me asusté de mí mismo y me fui a refugiar en el pedestre liberalismo que nos invita a la libertad pero no a la liberación, que defiende los derechos del individuo contra la coacción de los colectivos, que no nos ofrece el paraíso en la tierra sino una tierra un poco mejor, que no nos libera de nuestra responsabilidad moral sino que nos la impone, cada día y en cada elección que hacemos.

Eso es lo que quería decirte. Espero que estas líneas te ayuden a comprender mejor a tu padre y a quienes nos dejamos llevar por la tentación de la bondad extrema. No es una excusa por lo que hicimos, pero sí un intento de explicarlo que, a mi juicio, le debemos a Chile. De otra manera seguiremos construyendo mitos nada inocentes y contando medias verdades.

Saludos cordiales,

Mauricio Rojas.

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“COOPERACIÓN PÚBLICO-PRIVADA”.

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“COOPERACIÓN PÚBLICO-PRIVADA”.

 

Estos gallos no cambian. Le chuparon la corneta a Pinochet, luego a Frei (Lamarca pedía su reelección inmediata, al estilo Maduro y Evo), a Lagos (lo amaban) y ahora a Arenas. Que Pencailillo y Elizalde se pongan a la fila si quieren participar.

 

A propósito de las palabras de Arenas sobre la central hidroeléctrica “Alto Maipo”, donde declara el proyecto como “fundamental para el desarrollo energético”, el presidente de la SOFOFA, don Hermann von Mühlenbrock, aseguró: “Estuve a punto de aplaudirlo” (a Arenas). No sé si además le corrió alguna lágrima por la mejilla, si se apresuró a limpiar el piso por dónde camina el ministro, si le sobó la espalda o le entonó una canción de cuna.  Las costumbres de los presidentes de los empresarios oligopólicos dan para pensar en esto y mucho más también.

 

Cualquier persona medianamente informada que entiende lo que lo lee y comprende lo que ve, “sospechó desde un principio” que la central eléctrica “Alto Maipo” –buena o mala- sería aprobada con la velocidad de un rayo y apoyada por el gobierno de la Nueva Mediocridad. ¿Se han dado cuenta que la única agrupación que se opone a la construcción es la de vecinos del Cajón del Maipo?. Ninguna agrupación ecologista de fachada de la izquierda los apoya. ¿La razón?. Partan por ver la entrevista en Tolerancia Cero a la representante de los vecinos de la zona.

 

 

El ministro de energía es un ex ejecutivo del grupo Luksic; la ministra de minería es una ex ejecutiva del grupo Luksic; el ministro de hacienda es un ex ejecutivo del grupo Luksic; la energía que generará la central está destinada a surtir las empresas mineras del grupo Luksic; en la propiedad de la central participa el grupo Luksic; en la propiedad de Aguas Andinas participa el grupo Luksic, y como sabe todo Chile, el grupo Luksic fue el principal padrino y financista de la campaña presidencial de la Claudia. ¿Sigo?.

 

 

Publicado por Máximo. 

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Gobierno de dementes

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Gobierno de dementes

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Como dijo Hernán Büchi, “Chile ya perdió”. Y la única forma de enmendar el rumbo es que un gobierno conservador liberal y patriota lo encamine de nuevo a la senda del progreso. Desafortunadamente, tenemos que conformarnos con el gobierno de dementes que intentan realizar por enésima vez la cuadratura del círculo o combinar el agua con el aceite. La Nueva Mayoría no tiene pudor en declararse abiertamente liberticida. ¿Algún columnista de oposición ha usado esa palabra? 

Este gobierno es demente partiendo por el propio Presidente que desea -como recién descubrió el periodista Tomás Mosciatti de la Radio Bio-Bio , continuar y terminar la obra de Allende. Nosotros (Máximo, Despierta Chile, Hermógenes Pérez de Arce, Gonzalo Rojas Sánchez y el grupo católico de derecha Acción Familia, ) ya lo sabíamos. Para eso cuenta con el jurista y asesor Fernando Atria para hacer tener una Constitución Socialista Bolivariana. El mencionado historiador Rojas nos hace ver en una columna, : “Es importante notar que la Constitución del 80 fue hecha para un programa como el de la Nueva Mayoría no pudiera ser realizado”. A lo que pregunta el columnista de derecha:”¿Conoce Atria alguna Constitución que no fije un marco determinado de bienes a los que protege, justamente porque ella quiere “constituir”?“.

Los dos ejes del actual gobierno son supuestamente mejorar la educación y la salud pública, respectivamente. La educación fue la bandera de lucha de los llamados Movimientos Sociales, fachadas del Partido Comunista, que intentaron desestabilizar el gobierno de Piñera, haciendo creer al mundo que el chileno estaba indignado con el modelo económico, los supuestos abusos del algunos , entre otras cosas. El resultado de la elección presidencial del 2013 mostró, por el contrario, que el chileno está conforme con el modelo y que no le interesa el igualitarismo, no los oligopolios que fueron creados durante la ex Concertación, específicamente, en el gobierno del socialista Ricardo Lagos. La coalición demócrata cristiano socialista comunista, la Nueva Mayoría apenas obtuvo un 26% de todo el padrón electoral. Mucho menos de lo que obtuvo Allende. A igual que el gobierno marxista leninista de la Unidad Popular, el oficialismo quiere hacer creer que cuentan con el respaldo ciudadano, pues esta vez la prensa está a su lado.

Han transcurrido nueve meses desde que asumió Bachelet su segundo mandato, no hemos escuchado ninguna propuesta, ni del ejecutivo, ni de los “expertos”, ni de los políticos que la apoyan sobre mejorar los servicios públicos. Por el contrario, hemos visto que las reformas propuestas pretender acabar con la educación y la salud privada. 

Su ministro de Educación dijo por junio: “Es falso que no estamos haciendo nada por la educación pública”.

En el parlamento comenzó el debate sobre el fin del lucro, la selección y copago. Ningún de las tres cosas pretende mejorar la educación. Las personas sensatas que hay en este país, que van quedando pocas, sabemos que el lucro no tiene que ver con la calidad de la educación. Con la reforma, los dueños de los colegios particulares subvencionados tendrán que ser vendidos a fundaciones o corporaciones sin fines de lucro o al Estado. La única salida es la rebelión. Más aún, si escuché bien quieren que los apoderados sean los dueños de los colegios. Es natural que los colegios seleccionen, pues naturalmente, cada institución busca un perfil de estudiante que se proyecte hacia fuera. Por eso, es distinto estudiar en un colegio mixto, o de puros hombres o mujeres, o en uno religioso o laico.

Usando la Ley de Anti discriminación se quieren ir ahora contra los colegios católicos, porque exigen una cuota de incorporación.

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En un panel de televisión, donde estaba el sociólogo de la Universidad de Chile, Alberto Mayol se quejaba de que varios militantes de la Democracia Cristiana fuesen sostenedores de colegios particular subvencionado o particulares. ¡Y a él que le importa! Como me gustaría que algunos apoderados de colegios particulares subvencionados le pegaran a este académico. Igualmente, a los tres diputados comunista y al flaite troskista Gabriel Boric. Se creen más inteligentes que los apoderados que prefirieron abandonar la educación municipal por los subvencionados. A raíz de una carta “De emprendedor a delincuente” publicada por un profesor y sostenedor de La Araucanía en ‘El Mercurio de Santiago’, el líder de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker dijo que en la Reforma a la Educación se iba garantizar compensar el trabajo realizado, o sea, el lucro. ¡Qué va a garantizar siquiera pudo apoyar a la subsecretaria de Educación recién nombrada, porque tenía algún pariente sostenedor! ¡Qué quite el lucro de la agenda de la Nueva Mayoría, si tiene pantalones.

Me alegro que el fin de semana pasado, la Confederación de Padres y Apoderados de Colegios Particulares Subvencionados (Confepa), salieran a marchar contra la Reforma Educacional, que pretende acabar con ese tipo de instituciones educativas y obligar a padres meter a sus hijos en la educación municipal, de donde salieron. El lema de la Confepa es Así no la quiero” . Mientras tanto, los apoderados de los colegios particulares pagados toman palco, como si el otro no le afectara.

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Cuando asumió el actual ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, afirmó : “Voy a hacer una metáfora, que son siempre peligrosas en esto (…) Lo que tenemos actualmente es en una cancha enlozada un competidor corriendo con patines de alta velocidad y otro descalzo. El descalzo es la educación pública. Entonces me dicen, ¿porqué no entrenas más y le das más comida al que va descalzo? Primero tengo que bajar al otro de los patines”. O sea, nivelar a hacia abajo. Esa afirmación apareció el 15 de junio. 

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http://www.asinolaquiero.cl/

El mismo líder de la DC en otro ámbito fue partidario de la Reforma Tributaria, la cual según él, no iba afectar el crecimiento. La Nueva Mayoría sostenía esto último y que la Reforma la iban a pagar el 20% más rico de la población. Cuando la cosa se puso fea y las exceptivas bajaron, pidió al gobierno medidas que induzcan o del indicio de que la economía está andando. Por eso, anunciaron obras públicas. El dinero que le quitarán a las empresas, ésta la podrían haber invertido en nuevas maquinarias o proyectos, con lo cual generaría empleo. Lo que no entiendo es por qué el comercio detallista se vio afectado. En realidad lo sé. Repitieron hasta el cansancio personas con títulos en el extranjero que sólo los ricos pagarían. Además, están asustados porque ya Chile no es atractivo para los inversionistas. Obvio, si la Nueva Mayoría no cree en la propiedad privada, sino en la propiedad social. 

Sobre lo mismo. El ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes dijo que se apoyarían a la pequeña y mediana empresa en el área de la innovación. Sin embargo, la Reforma Tributaria está afectando a éstas. Un empresario de la cerveza artesanal se quejaba de que los iban a ruinar. Un funcionario del Sernac decía lo contrario. Desean ayudarlos a su vez, el Gobierno quiere eliminar el multi rut, crear los grandes sindicatos y como hemos dicho, pone en tela de juicio la propiedad privada. 

Y así, el ministro de Hacienda viajo a Londres con el propósito de traer inversionistas. El diario El Cronista del martes 15 de este mes a través de MSN , así titulaba la visita del ministro de Hacienda, Alberto Arenas a Londres con el propósito de traer inversionista, que El Mercurio de Santiago reproduce las diferencias que tuvo el ministro Financial Times: “A Chile le cuesta más conseguir inversiones por su bajo crecimiento”. Según él, la recaudación de impuestos y las reformas estructurales van a “facilitar la recuperación económica”. Y departiendo con los estudiantes London School of Economics dijo que la Reforma Tributaria es para garantizar la gobernabilidad, cosa que vienen diciendo de los noventa: “La Reforma Tributaria da gobernanza para lograr un crecimiento inclusivo”. Si no hay reforma, no el gobierno no puede gobernar, lo que es un disparate. Simple extorsión.

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El canciller Heraldo Muñoz aseguró en Estados Unidos junto con Bachelet en una cena con empresarios norteamericanos en Americas Society y Council of the Americas: “Para tener crecimiento sostenido son necesarias reformas sociales”. Quizás le den el Nobel de Economía.

Lo mismo con la salud. Lo único que hay por la red es que la Nueva Mayoría quiere reformar el sistema de salud privado, no el público. De la ministra de Salud, Helia Molina no hemos escuchado nada sobre mejorar los hospitales públicos, pues lo único que les interesa son las Isapres. Y por tanto, las clínicas privadas. Así, según un diario por julio, “Tesis de que el 7% de la salud no pertenece a las personas se impone en comisión asesora presidencial”. Según lo había manifestado, la nueva directora del servicio estatal de salud (Fonasa), Jaenette Vergara, “no es propiedad de las personas” el dinero que cotizan en el sistema privado de salud. La ministra hace pocos días dijo que no iba expropiar de los cotizantes a la vez que el Presidente, si es que no equivocó envío una ley para crear un fondo en común. ¿A quién creerle? Esta semana la señora Molina dijo que no se iba expropiar.

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En el país hay un total de 192 hospitales públicos . ¡Tremendo presupuesto! Para solucionar un problema se tienen dos alternativas: como un todo o el problema se divide en partes. En este caso, si no pueden solucionar los problemas desde el ministerio, lo lógico entonces es que la solución se adecue a cada hospital en particular. No hemos escuchado ninguna de las cosas. ¿Hay alguna solución para el Hospital Doctor Carlos Van Buren de Valparaíso o para el Hospital San Juan de Dios de la capital? Ni siquiera hemos escuchado una propuesta de los médicos parlamentario progresista. A éstos últimos lo único que les ha importado es que la construcción de los hospitales públicos, la hagan los privados a través de concesiones que, por cierto, comenzaron con el socialista Ricardo Lagos. Además se atienden en las clínicas que lucran. 

Tanto en la salud como en la educación la piedra de toque, es que la Constitución protege la propiedad privada. Eso no le gusta a la Nueva Mayoría. Según la Secretaria General del Gobierno, la DC, Ximena Rincón, protege excesivamente.

Tanto en la salud como en la educación la piedra de toque, es que la Constitución protege la propiedad privada. Eso no le gusta a esta gente. No hay que olvidar las palabras del ministro de Educación, de la jefe FONASA y de la Secretaria General del Gobierno, pues eso es lo que pretenden hacer. Las segundas declaraciones carecen de importancia. 

Desean revivir el socialismo trasnochado del siglo XX recibiendo los beneficios del capitalismo, lo cual es un contrasentido. No existe el término medio para la defensa de la propiedad privada. Y por tanto, de la libertad.

 

JAVIER BAZÁN AGUIRRE

V REGIÓN, CHILE

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Llegó el momento

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Llegó el momento

GonzaloRojas

Gonzalo Rojas

 

Frente al peligro, el cuerpo humano reacciona siempre a tiempo. Las fuerzas sociales, no. El cuerpo humano no tiene egoísmo alguno; las fuerzas sociales, sí.

Con la misma frivolidad con que las juventudes europeas marcharon a la guerra hace cien años, cantando himnos heroicos, diversos estamentos de la sociedad chilena miran la inminente debacle nacional con una indiferencia egoísta.

Cuesta detectar el egoísmo propio: alguien tiene que remecerte. Si una semana tras otra insistimos en que Chile está de nuevo al borde de un abismo insondable, no es porque sea grata esta denuncia, sino porque una voz recuerda sin descanso que hay que dejar de lado todo egoísmo para volver a salvar a Chile.

¿Cuáles son estas tendencias pobres en humanidad? ¿Cómo se expresa este egoísmo?

Por una parte, está la pasividad de los que se sienten seguros. Ni los colegios profesionales tradicionales, ni los movimientos gremiales universitarios, ni las agrupaciones de colegios particulares pagados, ni las universidades libres parecen haber entendido que lo que está en juego con la ofensiva revolucionaria en educación es su propia subsistencia. Nada los salvará de caer bajo el domino estatal si no son solidarios con quienes están directamente amagados: millones de niños, cientos de miles de familias, miles de emprendedores educacionales. Si no es “hoy por ti”, no habrá posibilidades de un “mañana por mí”.

Por otra, la mayoría de los políticos de la Alianza transmite el egoísmo que consiste en tratar el tema educacional a nivel de pulsaciones normales, como si no fuera de vida o muerte. No son conscientes de lo grave que resulta percibir que su interés en esta cuestión es solo mediano. Cuando capten la fuga de voluntades y de votos que significará el haber defendido solo tibiamente la libertad de enseñanza, ya será muy tarde.

En tercer lugar, los intelectuales. Unos pocos están embarrándose en la trinchera. Otros quieren estar por encima, sobrevolando el campo de batalla, porque en el nombre de la independencia, olvidan el compromiso con la verdad. Pero si les preguntaran a los historiadores, la respuesta sería una sola: callen o hablen; si sus ideas son derrotadas, igual irán al paredón.

Finalmente, están quienes buscan algún privilegio especial en razón de su fe. Y se acomodan con el gobierno para protegerse; y descalifican el lucro en la educación con tal de salvar sus colegios; y no han entendido que educar es una tarea humana que solo puede realizarse si hay amplias libertades para creyentes y no creyentes. Qué ceguera pensar que serán protegidos los primeros si sacrifican a los segundos, cuando toda la historia del siglo XX ha demostrado lo contrario.

El socialismo opera sobre el egoísmo de sus contradictores, de sus eventuales víctimas. Logra disfrazarse de altruismo hasta el momento mismo en que las fuerzas de la libertad toman conciencia, se organizan y enfrentan el conflicto agonal. En ese mismo instante queda desenmascarada la profunda pobreza humana del socialismo; antes, no.

La tarea de las próximas semanas debiera estar centrada, por lo tanto, en la coordinación conceptual de los más destacados intelectuales chilenos libres; en la coordinación de todas las fuerzas que defienden la libertad de los padres y educadores para concretar unas masivas marchas el 11 de octubre; en la coordinación de la exigencia a los medios de comunicación de espacios igualitarios; en la coordinación de las imprescindibles demandas ante los tribunales por los abusos del Estado contra sus ciudadanos.

Esto no da para más. Ni en la perversión del proyecto de control educacional socialista, ni en el egoísmo de sus detractores. Llegó el momento.

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NO

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No

Hoy, 5 de Octubre, la izquierda política y la Democracia Cristiana celebran un nuevo aniversario del triunfo del NO en el plebiscito, convocado por el Gobierno Militar, del 5 Octubre 1988.

Los dirigentes políticos de esos sectores, casi todos, se erigen a sí mismos como los héroes de la “lucha” contra la “dictadura” y celebran la “victoria” como si hubiesen librado una batalla campal. Se auto asignan los créditos y méritos de la vuelta a la democracia.

Lo que NO dicen es que ese plebiscito fue programado por el Gobierno Militar ocho años antes siendo normado entre los artículos transitorios de la Constitución Política de la República de 1980.

Lo que NO dicen es no hubo batalla alguna, Que hubo tan sólo una contienda electoral pacífica, limpia y clara en que ciudadanía decidió y que el Gobierno Militar acató plenamente tal decisión.

Lo que NO dicen es que el Gobierno Militar asumió en 1973 un país devastado, la Constitución avasallada, la institucionalidad destruida, sin estado de derecho. Sin respeto alguno de los derechos humanos, sin justicia eficaz y con una economía en ruinas.

Lo que NO dicen es que el Gobierno Militar promulgó una nueva Constitución, vigente hasta hoy, acordada en consenso con sus opositores y que entregó el mando de un país reconstruido, con una nueva institucionalidad, con plena vigencia del estado de derecho y con una de las economías más emergentes del mundo, si no la más,

Lo que NO dicen es que la democracia actual es obra del Gobierno Militar al que motejan de “dictadura”. ¿Alguien conoce de otra dictadura que haya puesto en agenda su propio fin? La respuesta es NO.

Lo que NO dicen es que una vez que el Gobierno Militar entregó el mando retornó la voracidad estatal con una feroz reforma tributaria, otra más, se desató la corrupción, la delincuencia y el sucio juego de los políticos profesionales.

Hoy, esos “héroes” celebran alborozados un nuevo aniversario el triunfo del NO porque fue muy bueno para ellos, para sus bastardos intereses.

Pero lo que NO dicen es que, de haber ganado el SÍ, con toda seguridad Chile ya sería una potencia industrial de primera magnitud.

Édison Aranda – Magister en Geopolítica

No Hoy, 5 de Octubre, la izquierda política y la Democracia Cristiana celebran un nuevo aniversario del triunfo del...