Ejercicio General del Doble Estándar Hermógenes Pérez de Arce

Ejercicio General del Doble Estándar

 

          El rasgar de vestiduras porque una empresa, en lugar de usar su poder monopólico para quebrar a un competidor que la desafiaba, prefirió llegar a un acuerdo con él, quebrantando, es verdad, la letra de la ley (una mala ley, pues alienta la guerra de precios), se ha tornado atronador. Ahora resulta que la letra de la ley es sagrada.
 
Una abogada escribe, en terminante carta al diario, que ésa es la base de la democracia y el estado de derecho. Pero nadie vio nunca ninguna carta suya al diario cuando un juez confesó en cámara que violaba la ley y condenaba a militares mediante una “ficción jurídica” y sin probar, como era su deber, la existencia del delito, que estaba, por lo demás, amnistiado y prescrito. Entonces, sin embargo, no angustiaba a la intransigentemente ética abogada la trasgresión de las leyes penales, pese a que distinguidos juristas, como el decano Miguel Schweitzer y el historiador Gonzalo Vial, decían públicamente que se estaban barrenando las bases mismas del estado de derecho. Pero eso no la motivaba a salir de su silencio, como ahora, no obstante que la ilegalidad rampante ha ido llenando durante años de “ilegalidades, inconstitucionalidades y arbitrariedades” (Adolfo Paúl) un penal con presos ancianos y enfermos que, en una sociedad civilizada, no podrían haber estado encarcelados aunque hubieran sido legalmente juzgados. Es decir, la letra de la ley sólo es sagrada cuando resulta “políticamente correcta”.
 
          Asimismo, sorprenden la saña y el doble estándar de Jorge Awad para condenar públicamente al presidente de la Papelera, presumiéndole conocimiento de la colusión con SCA, pero olvidando que él mismo, cuando era presidente de LAN, entre 2001 y 2012, sufrió la condena de su empresa por colusión en el transporte aéreo de carga y, reconociendo culpabilidad, pagó una elevada multa. ¡El epítome del doble estándar: ver la brizna en el ojo ajeno y no la viga en el propio! ¿O será ésta una muy chilena “pasada de cuentas”?
          
        Ni tampoco ha demorado el entonces controlador de LAN, Sebastián Piñera, en saltar al ruedo y dar lecciones de ética ¡él, “of all people”! teniendo un prontuario que a cualquier otro menos audaz induciría, por prudencia, a quedarse callado. Hasta se manifiesta ahora partidario de aumentar las sanciones a la colusión (después que ya pagó sólo multa por la de su empresa), llevando seguramente a muchas personas a preguntarse por qué no propuso bajo su gobierno ese agravamiento de penas que hoy públicamente describe como necesario.
 
          Y no deja de ser llamativo el doble estándar ético de los que condenan públicamente el recientemente denunciado acuerdo de precios entre CMPC y SCA, recibiendo a raíz de ello las felicitaciones de otros “guardianes de la ética”, cuando todos sabemos que en 2009 el uno y los otros fueron a votar con entusiasmo por el candidato con el más oscuro prontuario, ex prófugo, conspirador en vergonzosa intriga contra una correligionaria política, y también entonces recientemente sorprendido y condenado por uso de información privilegiada y –esto se supo después- usuario de dineros para su campaña obtenidos mediante facturas ideológicamente falsas, en gran parte usados para pagar bonos de ejecutivos de una empresa suya; y, en fin, hábil y reiterado transformador de votos en contra, en comisiones investigadoras de sus actuaciones, en sufragios a favor suyo que inhiben la investigación.
 
          Y todos esos “guardianes de la ética” volverán, sin duda, a unirse como un solo hombre tras el mismo personaje en 2017, dando una vez más el siguiente argumento, pletórico de “moralidad”: “Es que es el candidato mejor posicionado en las encuestas y el único que tiene plata para la campaña. Pues se trata de ganar ¿o no?”. 
 
          ¡Loada sea, Chile, tu ética!

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