Recientes

El Odio y el Mar Hermógenes Pérez de Arce

El Odio y el Mar

Blog de Hermógenes Jueves 13 de agosto

Cuando los gobernantes bolivianos tienen problemas, agitan el tema del mar.  Cuando los gobernantes chilenos los tienen, agitan el tema del odio.  Evo estuvo en apuros con marchas de protesta en su contra. Las atribuyó a espías chilenos. Las protestas pasaron a segundo término.
 
          Acá, cuando Piñera llegó a la cota más baja de popularidad, aplicó la receta y recurrió al arma chilena para desviar la atención: el odio. Trasladó a un grupo de oficiales del aceptable penal Cordillera al hacinado Punta Peuco. El comunismo aplaudió, su exponente más extrema, la joven Javiera Parada, elogió a Piñera. Éste remontó en las encuestas. A costa de los militares, por supuesto, a los cuales había prometido acortar los procesos y hacer valer la prescripción y el respeto al estado de derecho. Pero la “familia militar” ya había votado por él y seguramente se dijo, “París  bien vale una Misa”.
 
Y ahora Bachelet había llegado, a su turno, a la cota más baja de su popularidad. Entonces imitó a su antecesor y recurrió al odio. Su “agregada científica” en Canadá, Carmen Gloria Quintana, apareció por acá, en curiosa concomitancia con el “arrepentimiento” de un testigo de los hechos de 1986, cuando uno de los artefactos incendiarios que ella misma llevaba estalló y la quemó. De portadora de tales elementos ha devenido “víctima”, como tantos otros.
 
¿Cómo actualizaron el odio? Consiguiendo que todos los medios destacaran al sujeto que, tras 29 años, delató un supuesto “pacto de silencio” y dio una versión distinta de la que había dado en 1986. Todo Chile repitió sumisamente: “¡pacto de silencio!”. Y todavía sigue repitiéndolo, porque acá la opinión pública es esclava permanente de las consignas de la izquierda.
 
Pero sucedió un imprevisto y “el tiro les estaba saliendo por la culata”, porque un segundo supuesto delator del “pacto de silencio”, un ex conscripto “en situación de calle”, recitó mal el libreto que le habían enseñado y dijo que el oficial que había quemado a los extremistas era otro y no el que había dicho el primero; y que no había usado encendedor, como decía aquél, sino fósforos.
 
El ministro Carroza carraspeó y luego tuvo que empezar a toser francamente, cuando los otros nueve conscriptos mantuvieron su versión de 1986 y, más grave todavía, uno confesó que había sido él quien, accidentalmente, había golpeado un recipiente explosivo y había ocasionado la quemazón.
 
          Pero entonces al Gobierno, a Carroza y al odio “los salvó  la campana”: sobrevino la muerte del general Contreras, y eso permitió que el odio tomara otros derroteros. Como esto ha dado pie a que yo reiterara públicamente en TVN algunas verdades históricas, entonces ahora se levantan voces exigiendo que se ponga límites a la libertad de expresión y se impida que los “delirios” de un “fantoche extremista”, como me describe un plumario de extrema izquierda en la portada de hoy de “El Mostrador”, siga diciendo las cosas que dice. Y TVN está en problemas, porque si bien logró elevar el rating de “El Informante”, todo tiene su límite. Lo más pluralista que puede ser el canal estatal es mostrando en pantalla a “arrepentidos” y repetidores de la consigna máxima, “las violaciones a los derechos humanos”. Éstas, por supuesto, no son los crímenes cometidos por los que declararon la guerra, las “milicias fuertemente armadas” del marxismo que denunciaba Aylwin I en 1973, sino los militares impidieron el autogolpe proyectado por Allende, según la versión de Aylwin I, que sólo vino a ser contradicha por Aylwin II veinte años después.
 
          Hubo otro distractivo en ciernes: el ministro Solís, que ha impuesto cientos de años de condenas a militares sobre la base de una “ficción”, como confesó en cámara, acusó a sus colegas de la Corte Suprema de haberlo privado de una conveniente “asesoría”, que le permitiría mejorar su pensión de retiro, por presión de los militares. Amenazaba estallar otro escándalo. Hasta yo exclamé en cámara, esperanzado, refiriéndome a los militares: “¡Por fin hacen ALGO!” Vana ilusión. Se me informó que fueron los propíos ministros supremos los que advirtieron sobre la irregularidad de la asesoría de Solís y la vetaron.
 
          Y esta mañana un séptimo oficial víctima de la persecución de los “guardianes del odio” se ha quitado la vida. La justicia de izquierda lo había condenado a más de veinte años de presidio. ¡Que contraste con el millar de terroristas de izquierda amnistiados, indultados e indemnizados! ¡Que contraste con los treinta mil izquierdistas que en días pasados recibieron un millón de pesos adicionales cada uno, como bono para suplementar las pensiones que obtuvieron en 2005 con sólo declararse “torturados”!
          
         Evo “zafa” con el mar. Piñera y Bachelet “zafan” con el odio. Lástima que “¡uuups!, en El Salvador Michelle es hoy sorprendida diciendo la verdad. Nadie contaba con eso. Dice el analista Patricio Navia en “La Segunda” de hoy: “¡Qué vergüenza que la Presidenta de Chile diga que tiene como modelo a la República Democrática Alemana!”

     

         ¿Y adónde creía él que conducen las reformas revolucionarias?

Compartir