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El VI Gobierno de la Concertación Hermógenes Pérez de Arce

El VI Gobierno de la Concertación

 

 
          Sebastián Piñera ya compró su reelección. Es el único que tiene dinero para una campaña en forma y hay una sola cosa en que está dispuesto a gastarlo: en sí mismo. Y lo está haciendo. En forma relativamente silenciosa ya reclutó a los cien mejores candidatos a alcaldes de la oposición: a cada uno le dio una carpeta y un pendrive con todos los antecedentes de su respectiva comuna, cuidadosamente reunidos por la Fundación “Avanza Piñera”, nombre real, pues el oficial pero no auténtico es “Avanza Chile”.
 
La aceptación silenciosa de cada carpeta y pendrive constituyó un juramento “in péctore” de cada aspirante de apoyar la candidatura presidencial de Piñera.
 
No puede desecharse que también hayan recibido carpetas y pendrives algunos candidatos a alcaldes de la Nueva Mayoría, pero eso no se ha publicado ni se va a publicar. No importa que algunos de éstos después derroten en la elección a otros que también los han recibido; lo que importa es que todos trabajen por Piñera.
 
          Éste ocupa la “pole position” en la carrera presidencial, acerca de la cual hay una sola cosa segura: que el candidato de la Nueva Mayoría va a perder. El gobierno de ésta ha sido tan malo que el único término realmente descriptivo de su gestión es bastante extremo: ha “descuajeringado” al país. Las encuestas son claras para expresar el rechazo mayoritario a sus políticas. Tal vez desde que el general Ibáñez fue elegido con su simbólica escoba en 1952, con casi una mayoría absoluta (no había segunda vuelta entonces), nunca el descontento general había sido tan mayoritario. En la Nueva Mayoría se han dado cuenta y por eso no sería de extrañar una maniobra extraordinaria y de emergencia, a la cual yo he asignado una probabilidad no baja, de renuncia bastante poco voluntaria (e inducida por sus propios partidarios) de la Presidenta, tras completar su segundo año de mandato, es decir, cuando ya sea posible la designación por una amplia mayoría parlamentaria de un reemplazante, que podría ser Ricardo I, como Presidente provisional y para administrar el caos generado por el reformismo marxista revolucionario y la completa falta de autoridad ante el delito y el terrorismo rampantes que vivimos hoy.
 
Esta salida no le gustaría nada a Piñera, naturalmente, porque posicionaría a Lagos muy bien para 2017 y éste concitaría una gran apoyo en todos los sectores del espectro y en particular entre la numerosa “familia militar”, tan arteramente traicionada por Piñera, que se quedó con sus votos en 2009 merced a las promesas que le hizo y que no cumplió, sino, al contrario desconoció flagrantemente en perjuicio de los Presos Políticos Uniformados.
 
          La Concertación está perfectamente consciente de que, si no hace nada, Piñera verá caer flotando por gravitación natural sobre su regazo, la Presidencia de 2018-2022, porque a una gran mayoría le basta con saber que el nuevo gobierno va a ser distinto al actual para votar por él.
 
          Ningún otro aspirante a La Moneda tiene, ni de cerca, el porcentaje de conocimiento público del ex Presidente. Es cierto que ningún otro tiene un prontuario tan negro como el suyo, pero dicho factor no lo perjudica, para explicar lo cual los sociólogos deberán discurrir alguna teoría. En estos mismos días vemos cómo ME-O sufre las consecuencias de haber recaudado fondos con facturas y boletas ideológicamente falsas cobradas a SQM y eso llena páginas y comentarios; en cambio, las que extendió el entorno de Piñera, que tampoco correspondieron a servicios reales, según ha declarado el gerente de finanzas de SQM, y aun siendo de más del doble de valor que las de ME-O, no han levantado ni críticas ni escándalo periodísticos. Ni siquiera afectó a Piñera la evidencia de que usó el dinero de SQM, no para su campaña, sino para pagar bonos a ejecutivos de otra empresa suya, Chilevisión, que tenía en proceso de venta y cuyos estados financieros deseaba, por eso, fortalecer. Y el hecho de haberse visto a ME-O visitando las oficina de SQM suscita titulares, pero el de que una secretaria de la misma firma haya visto a Piñera en similares visitas apenas ganó unas líneas ocultas en una crónica a una columna. Todo se le está dando a éste. Sube en las encuestas, mientras Velasco, que cobró una boleta por asistir a un almuerzo, como tantos personajes que conozco, sufrió una caída de siete puntos en su imagen favorable, al conocerse el hecho.
 
          Sí. Piñera ya compró la Presidencia. Si la Concertación no hace algo extraordinario, aquél va a conseguir un gran éxito en las elecciones de alcaldes de 2016, pues candidatos “suyos” van a competir con ventajas sobre los demás, con carpetas, pendrives y algo más que sus competidores no van a conseguir.
 
Y después asumirá la Presidencia el 11 de marzo de 2018. Y en esa fecha va a iniciar el VI Gobierno de la Concertación, tras haber presidido el V y habiendo mediado un interregno de cuatro años del fracasado conato revolucionario marxista de la merecidamente impopular Nueva Mayoría.
 
Mientras tanto, la derecha mirará, en un silencio propio de su condición de difunta “cómplice pasiva”, el retorno al poder de su enterrador.

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