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Gobierno: nada calza Gonzalo Rojas

Gobierno: nada calza

El Mercurio Blogs Gonzalo Rojas

Miércoles 30 de diciembre de 2015

El que termina ha sido un mal año para Chile, qué duda cabe.

Culpas tenemos todos, pero solo algunos llevan sobre sus espaldas el peso de gobernar el país. Y los que de esa responsabilidad fueron investidos ¡qué mal lo han hecho!

Porque un gobierno y la coalición que lo respalda pueden ser muy dañinos por lo mal orientados que estén, pero si además sus políticas presentan incoherencias internas insalvables, el daño es exponencial.

La UP fue un proyecto totalitario en regla, pero a pesar de toda la desfachatez del mal explícito con que se iba manifestando, había en sus coordenadas una sincera coherencia. Por el contrario, la actual administración carece por completo de esa articulación entre declaraciones y propósitos, que fue tan evidente hace 45 años. El actual gobierno y su coalición son tan malos que ni siquiera logran ser coherentes con el mal que se proponen: echan a perder sus propias nefastas decisiones.

Afirman la necesidad de rehabilitar a los araucanos en el dominio de sus tierras -apoyándose en una retórica de lo originario-, pero no han tomado nunca en serio la influencia que extranjeros poderosos vienen desarrollando en La Araucanía: el PC es la puerta de entrada de las FARC en la zona y son numerosos los europeos que inoculan odio entre los habitantes autóctonos.

Declaran que lo grave es la percepción que la ciudadanía tiene de la delincuencia -no el crimen organizado y extendido-, pero redactan protocolos para las policías que las inhiben de acciones preventivas y represivas propias de un estado de emergencia, como el que se vive en zonas completas de nuestras ciudades. Imposible que mejore así la percepción ciudadana.

Persiguen responsabilidades por violaciones a los derechos humanos, acosando ancianos, pero promueven atentados genocidas al proponer causales de aborto amplísimas, así como la despenalización de drogas, políticas que terminarán devastando a segmentos enteros de la población no nacida o juvenil.

Cacarean sobre derechos sociales universales y sobre inclusión absoluta, pero no trepidan en dejar fuera de ese demagógico anuncio a los grupos de jóvenes que más se sentían llamados a quedar incluidos; y en la promoción de esa misma política, ensalzan a ciertos dirigentes rupturistas por haber sido los supuestos gestores de la gratuidad universal, pero les dicen a todos los estudiantes de Chile que si quieren beneficiarse del no pago, al Estado tendrán que someterse.

Denigran a los grandes empresarios, los muestran como depredadores de la riqueza, pero cuando llega el momento de hacer una reforma tributaria, la dirigen en buena medida contra los emprendedores y profesionales medianos, concretando una maniobra de tal eficacia contra las pymes que al poco tiempo deben plantearse una reforma de la reforma.

Consideran que la huelga no tiene fuerza en la institucionalidad laboral, por lo que proponen el no reemplazo de los trabajadores en paro, pero se comportan de manera completamente ambigua frente a los servidores del Estado: a unos (Registro Civil) les toleran una brutal agresión a la ciudadanía; a otros (aeronáuticos) los reemplazan con uniformados, sin miramientos. ¿Cómo irá a ser a la próxima?

Promueven la necesidad de contar con una nueva Constitución -aunque lo pide apenas el 5% de los ciudadanos-, pero desprestigian la institucionalidad constitucional, denigrando a órganos del Estado como el Tribunal Constitucional y generando procesos cívicos de nula seriedad.

Alguien podría decir que si tan malas políticas han sido tan mal ejecutadas o tan abiertamente contradichas, todo será para mejor. No: desgraciadamente en la vida de los países, en la realidad de las personas, menos por menos no es más.

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