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Hernán Larraín Dos verdades Gonzalo Rojas

Hernán Larraín  Dos verdades

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El presidente saliente de la UDI ha afirmado que Sebastián Piñera es la figura de Chile Vamos y que las otras son inexistentes.

A todas luces, una gran verdad, pero, cuidado, esa es una verdad que exige reflexión.

Reflexión, porque alguien podría pensar que Chile Vamos es sinónimo de "el sector" o de "la derecha" o de "la oposición".

Quien así discurriera, se equivocaría rotundamente. Olvidaría que los principales partidos que conforman Chile Vamos están intentando reinscribirse y que encuentran enormes dificultades para hacerlo; que en sus elecciones internas ha votado apenas el 8% del padrón oficial de esas colectividades; que su respaldo en los últimos comicios municipales alcanzó a menos del 14% del total del electorado potencial.

Esos son los datos objetivos, unas cifras que conocen muy bien quienes dirigen esos partidos y que sus conciencias no pueden acallar.

A todo lo anterior se suma un hecho de difícil comprobación, pero que, para quienes han trabajado en esa área, no admite duda: las juventudes de los principales partidos de Chile Vamos no dan esperanza alguna de que la situación descrita pueda revertirse. Durante 19 años trabajé voluntariamente entre Copiapó y Puerto Montt, mes a mes, con jóvenes de la UDI y sé perfectamente bien cómo las grandes capacidades de sus principales figuras se han estrellado sistemáticamente con puertas cerradas o apenas entreabiertas principalmente para unos pocos mediocres. Esa es una de las razones por las que abandoné ese partido.

¿Exageración?

No. El mismo Hernán Larraín lo ratifica al sostener que le preocupa "que no tengamos buena gente entrando al mundo parlamentario". Que el presidente saliente del principal partido de Chile reconozca que no hay fuerzas nuevas de calidad es de una enorme gravedad.

Pero volvamos al principio. Si en Chile Vamos no hay más capacidades de liderazgo que las que impone el diseño comunicacional de Piñera, eso no significa que en la derecha no las haya. Al revés: el mismo Larraín, al circunscribir a Chile Vamos los liderazgos posibles, deja abierto el campo -el enorme campo de la derecha informal- para otras personalidades que sin complejos puedan cautivar a las sensibilidades conservadora y socialcristiana, no comprometidas con el proyecto piñerista. También lo dijo Lavín: Piñera es el hombre, y lo demás es música.

Hablemos entonces de esa música.

Las otras melodías las pueden interpretar quienes escriban en sus partituras tres notaciones básicas:

Una sociedad estructurada a partir de un respeto irrestricto a la naturaleza de la persona humana (Guillier no lo considera así; a Lagos le pasa por el lado; para Piñera es solo un dato más); una política concebida con imaginación creativa para gestar el bien común (Guillier y Lagos pensarán siempre en más Estado y Piñera en más libertades); una cultura al servicio de la verdad y de la belleza (Guillier solo entiende de comunicaciones, Lagos de retórica y Piñera de un mejor financiamiento de proyectos: todo eso es poca cosa).

¿Existe de verdad esa gente que quiere más sociedad, mejor política y cultura más humana? ¿Existen esos derechistas que miran la economía como un simple subproducto de otras dimensiones de mayor densidad?

Por cierto.

Esa es la gente que no ve con agrado alguno a Piñera, que no le tiene simpatía alguna ni a su talante, ni a su historial, ni a su estilo, ni a su proyecto.

Esa gente tiene todo el derecho a apoyarse en la afirmación de Hernán Larraín y buscar fuera de Chile Vamos otros liderazgos presidenciales y otras opciones al Parlamento. Ignorar ese dato no hace más fuerte al poderoso; lo hace más débil.

Fuera de Chile Vamos hay música, buena música.

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