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La delincuencia nos está atropellando Patricio Amigo

La delincuencia nos está atropellando

Por Patricio Amigo

Para terminar o, sencillamente, aminorar el tremendo problema de la delincuencia común, tenemos que empezar por reconocer que somos mucho más subdesarrollados que lo que creemos. No tenemos los recursos tecnológicos ni humanos para hacer frente a una agresividad delictual que se ha tornado endémica. El escenario está contaminado con un desorden social, político y económico en el que los Poderes del Estado sufren un histórico desprestigio y la confianza ciudadana está en crisis y en todos sus estamentos.  Tenemos que aceptar que en todo el mundo se trata a los delincuentes comunes sin guantes blancos y para ser más claros, hasta en los países más desarrollados la Justicia y los Gobiernos aplican vigorosa represalia en defensa de la comunidad. Es la legítima defensa. Es un instituto jurídico de carácter universal que ha sido reconocido por todas las legislaciones del mundo. El Papa Juan Pablo Segundo, en su encíclica “El Evangelio de la vida” define la defensa propia como “el derecho a la vida y la obligación a preservarla.

En definitiva, tenemos que entender que la Reforma Procesal Penal nos quedó lamentablemente, como poncho. Carecemos, como pueblo, como sociedad, del sentido del honor, de la rectitud moral, del apego a la verdad y del respeto por el prójimo, para que las policías se dejen manejar por fiscales, para que los jueces respeten el Estado de Derecho y para que los Gobiernos se desprendan de la demagogia.

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