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La UDI Se Muere Sin Saber De Qué Hermógenes Pérez de Arce

La UDI Se Muere Sin Saber De Qué

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               A fines de los ’80 el director de “Qué Pasa”, Roberto Pulido, hacía almuerzos políticos bastante transversales que pretendían replicar un parlamento como el que a la sazón todavía no existía en el país. Los representantes de la derecha estábamos, naturalmente, divididos entre los que apoyábamos al Gobierno Militar y los que, sin oponérsele frontalmente, siempre estaban “tendiendo a irse para el otro lado”. El más insigne representante de esta tendencia era Andrés Allamand, y lo recuerdo en particular porque en una oportunidad dijo, refiriéndose a los de la otra, personificada por la UDI: “En la primera elección después del Gobierno Militar van a desaparecer”. Pero esto no sucedió, pues al partido que mejor le fue en las elecciones posteriores fue precisamente a la UDI, tanto que Allamand resolvió emprender la que llamó su “travesía del desierto” tras una sonada derrota electoral.
 
               Lamentablemente, la UDI no sacó lecciones de ese éxito y en lugar de mantener las posiciones propias y firmes que se lo habían garantizado, terminó plegándose a los que siempre se estaban “yendo para el otro lado” y apoyó al actual y más insigne representante de esta vocación centrífuga, Sebastián Piñera, en 2009, frente a lo cual le anuncié su perdición, que es lo que todo el mundo cree estar presenciando, en particular porque los que se sienten llamados a evitarla militan entre los más inclinados a “irse para el otro lado” y proclaman que es preciso alejarse cuanto antes de la sombra del Gobierno Militar, repiten la monserga ideada por el KGB de “las violaciones a los derechos humanos”, quieren cambiar la declaración de principios del partido en cuanto reconoce el servicio prestado al país por el régimen que lo salvó de ser otra Cuba y, en fin, buscan parecerse lo más posible a la otra colectividad de derecha que ya hizo todas esas cosas y a la cual yo he llamado reiteradamente a cambiarse el nombre a “Renegación Nacional”, por ser el más expresivo de sus actuales posiciones.
 
               Naturalmente, entre quienes militan en la UDI (que no es mi caso) y permanecen fieles al legado de su fundador, Jaime Guzmán (que sí es mi caso), y también entre los simpatizantes fieles a ese partido y que siempre han votado por él (que también es mi caso), la situación terminal a que lo condujo Piñera y la evidencia de que éste ya compró la próxima candidatura del sector a precios de liquidación, como quedó de manifiesto cuando citó a los cien mejores candidatos a alcaldes (entre ellos los de la UDI), que acudieron presurosos, no tanto para recibir la carpeta y el pendrive sobre su respectiva comuna, sino para asegurarse todos sabemos qué, aunque nadie lo diga, ha llevado a que surja la idea de un nuevo partido representativo de los ideales que fueron suyos cuando ella y Jaime Guzmán estaban todavía vivos, y así lo ha expuesto con brillo en su columna de hoy en “El Mercurio” Gonzalo Rojas Sánchez, que contiene toda una propuesta.
 
               El año pasado formulé los principios que, a mi juicio, deben presidir la formación de un partido realmente de derecha en un artículo publicado en “Estrategia”, que ya reproduje en este blog, lo que ahora vuelvo a hacer, a título de aporte a la iniciativa de Gonzalo Rojas:
“Un Partido de Derecha
               “Distinguidos políticos han anunciado su intención de formar un “partido único” de centro-derecha. No menos distinguidos no-políticos (que no es lo mismo que “apolíticos”) estamos interesados en fundar un partido de derecha. No “único”, ciertamente, porque ello contravendría nuestra profesada fe en la libertad de iniciativa.
               “La principal diferencia que existe entre derecha y centro-derecha es que la primera no tiene interés en armonizar sus puntos de vista con quienes militan en el centro o la izquierda y ganar votos entre ellos, y la segunda sí. A los de derecha no nos interesa ganar votos si ello implica cambiar nuestros principios. Lo que nos interesa es ganar con éstos. Si el costo de mantenerlos es perder votos, estamos dispuestos a perderlos.
“¿Cuáles son esos principios? En lo valórico, la defensa de la vida desde la concepción, el premio al matrimonio bien constituido, el hogar como pilar de la sociedad, que eduque, forme y ampare. En lo económico, la defensa de la libertad para emprender, elegir, educarse, trabajar y producir, y para adueñarse del fruto del esfuerzo individual, que es la propiedad. Y en lo social la preservación del orden público, la moral, las buenas costumbres y la legalidad.
               “Un partido de derecha debe velar por los derechos de las víctimas de la delincuencia y por aplicar mano dura al delincuente. Y porque haya policías eficaces, cuyos miembros tengan más garantías que quienes cometen delitos. Éstos deben pagar su deuda con la sociedad, por el daño que infligen, en penales en que trabajen para resarcir ese daño y aprendan a ser útiles.
               “Un partido de derecha debe reconocer el servicio que los uniformados prestaron al país, al salvarlo de ser una colonia del más brutal totalitarismo de nuestro tiempo y después reconstruirlo desde las cenizas. Y, por tanto, debe luchar por la liberación de los presos y procesados políticos ilegalmente privados de libertad debido a la prevaricación de jueces politizados de izquierda.
               “¿Queda claro por qué quien es de derecha no puede ser de centro-derecha?”
 
               Como es evidente que los dirigentes que están aplicando a la UDI respiración artificial no están de acuerdo con las nociones anteriores, y muy en particular con la del penúltimo párrafo precedente, queda más que claro que no se han dado cuenta de por qué está muriendo la colectividad. Ellos creen que no sólo es debido a actuaciones de sus dirigentes que han merecido pública crítica, sino a los principios y trayectoria de lealtad a su origen y pasado que el partido ha mantenido, y entonces quieren “irse para el otro lado”, abjurar de las ideas más propias y sustanciales y avergonzarse de la gesta que salvó al país y a la cual la UDI no sólo adhirió, sino en la cual participó. Y en esto están completamente equivocados.
 
               Si persisten en la fuga hacia la renegación, se podrán quedar con el timbre de la UDI, su local y otros restos náufragos, y tendrán opción de recibir las dádivas del que está haciendo posturas en la liquidación, pero van a tener que resignarse a ver cómo surge “desde las cenizas” una nueva colectividad representativa de los principios, la trayectoria y las lealtades que ellos han abandonado, porque todos éstos tienen firmes raíces en lo mejor del alma nacional y más temprano que tarde se van a volver a manifestar con la misma fuerza con que lo hicieron, para ser la primera colectividad del país, cuando los que “se arrancaban para el otro lado” pronosticaban su extinción.

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