Las apariencias engañan y la historia se repite Patricio Amigo

Las apariencias engañan y la historia se repite

Por Patricio Amigo

Durante la llamada “guerra fría” de los años 40, cuando el poder de la bomba atómica estaba en las exclusivas manos de los Estados Unidos, el imperialismo soviético, o mejor: el comunismo internacional, creó el Movimiento Mundial por la Paz, organizando Congresos y Festivales que marcaron las conciencias juveniles. Tremendo gol ideológico de los comunistas que abrió las compuertas del idealismo pacifista. Después de una segunda guerra mundial con las más brutales expresiones de odio, todo el mundo quería la Paz. Y los que no adherían a este generoso y soñador sentimiento, podían ser confundidos como nazis, fascistas o, en el mejor de los casos: ego centristas preocupados de sí mismos. Lo peor de todo es que, este invento genial del pacifismo, lo crearon, difundieron y monopolizaron los comunistas. Y el tema tuvo una diabólica metamorfosis: No adherir al pacifismo era ser anticomunistas. Y eso transformó en odioso al anticomunismo. Odioso y repugnante para la intelectualidad juvenil, que había disfrutado de Festivales y Congresos por la Paz. Todos preferían acercarse al pacifismo de los comunistas que, incluso habían simbolizado la esperanza de Paz en una paloma dibujada por Picasso.

Todos los que ya vivíamos en la primera mitad del siglo XX tenemos la obligación de recordar este duelo: la Paz que pregonaba la URSS y la fría desconfianza de los EE.UU. y sus aliados. El imperialismo estatista soviético versus el imperialismo capitalista de occidente. Los estatistas soviéticos disfrazados de palomas de la Paz y los capitalistas occidentales marcados por el frio signo del dólar. Ignoro el origen, pero el refrán es muy cierto: “Las apariencias engañan”

“La historia se repite”, dicen los mismos historiadores. Y, como nuevo escudo o biombo, el Comunismo Internacional cambió sus banderas de La Paz por el estandarte de los Derechos Humanos.

El Estado fracasó como administrador de la economía y el progreso, en todo el mundo.  El imperialismo soviético y China se transformaron en potencias del capitalismo. Pero sobreviven contumaces grupúsculos comunistas en los países subdesarrollados. Son tenaces huérfanos de la paloma de la Paz que sobreviven disfrazados de “defensores de los DD.HH.” Y este mentiroso disfraz es tan generoso y soñador como la Paz entre los hombres. Los Festivales y Congresos por la Paz nunca hicieron nada por denunciar y condenar las matanzas tras la cortina de hierro y hoy, la defensa de los DD.HH. es una sucia consigna política que no considera los Derechos Humanos en salud, en sobrevivencia socio-económica y en política de los regímenes comunistas. Los DD.HH. fueron inventados para proteger a los terroristas que se inmolan por falsos ideales y son “carne de cañón” de viudos del comunismo internacional.

Chile es, hoy, un país que renunció al desarrollo, embriagado por la simpatía de una activista del estatismo. En la turbia marea de su Gobierno y abrumada por reformas, que se reforman en medio de su proceso,  bonifica a sus víctimas,  intentando evitar la desintegración. “Las apariencias engañan”, pero nunca a todos y por todo el tiempo. “La historia  se repite”, de manera que este caos terminará.

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