Máquina de Defraudar Despierta Chile

Máquina de Defraudar

Por Axel Kaiser

Una de las cosas más irritantes del caso Penta es el doble estándar que muestran nuestra sociedad, medios de comunicación, líderes de opinión y otros a la hora de evaluar y calificar a 

quienes se han visto involucrados en algún tipo de escándalo de interés público.


El fiscal del caso Penta, cuya motivación ideológica gusta de disfrazar de criterio jurídico, calificó a Penta como una "máquina de defraudar al fisco". De que lo que hacía Penta está pésimo y debe haber sanciones de acuerdo a la ley no cabe duda, como tampoco hay muchas dudas de que toda clase política tiene tejado de vidrio.


Pero si de "máquinas de defraudar" se trata, el Estado es lejos la peor de todas. De partida todo el mundo sabe que los gobiernos, especialmente los de izquierda, han convertido al fisco en una piñata de la cual se nutren todos los amigotes de los partidos y todos los parientes posibles. Los igualitaristas se están llenando los bolsillos a costas del resto de los chilenos y encima no tienen nada que mostrar salvo una economía cada vez más arruinada, una clase política cada vez más desprestigiada y servicios públicos cada vez más indecentes.


Pero además, ¿Qué pasó con el fraude del Transantiago, que va a costar decenas de miles de millones de dólares? ¿O el desastre de Ferrocarriles del Estado que costó más de mil millones de dólares? ¿Y el robo del caso falsos exonerados a los contribuyentes chilenos donde de nuevo contamos decenas de millones de dólares que llegaron a los bolsillos de gente de izquierda?
¿Se acuerda de los sobre sueldos, del MOP-GATE, CORFO -INVERLINK, CHILEDEPORTES, Aulas del Ministerio de Educación, Asesorías truchas de CODELCO, -convertida hoy en una vaca lechera de sus sindicatos y de intereses políticos-, CONADI, INDAP, Acreditación Universitaria, Becas Chile, los más de mil millones de dólares en ENAP, el fraude de la Alta Dirección Pública, etcétera, etcétera, etcétera?


¿Se acuerda que el gobierno de Ricardo Lagos entregaba sobres con billetes a todos sus ministros y que estos, violando la ley, no tributaban igual que Penta, y que el gobierno de entonces habría caído si no hubiera sido porque la derecha, siempre tan gentil, encabezada por Longueira, le lanzó un salvavidas a Lagos cohonestando toda esa corrupción bajo el argumento de que eso es lo que hace un "estadista"? Y si vamos a lo fundamental, ¿cumple el Estado si quiera con su rol básico que es garantizar la seguridad de los ciudadanos?

 

Las encuestas de victimización dicen que no y el terrorismo desbocado en el sur de Chile, incentivado por muchos políticos, solo confirma que en Chile el deterioro del estado de derecho – a veces casi orquestado da la impresión- alcanza niveles de país bananero. ¿Y qué hay de la pésima educación y salud estatal, que a pesar de incrementar recursos todos los años no mejoran?
Para qué seguir. Lo claro es que la verdadera y más gigantesca "máquina de hacer fraudes" que haya conocido la historia de Chile es nuestro Estado -ese grupo de políticos y burócratas con poder sobre nuestras vidas y propiedades- que es despilfarrador, muchas veces corrupto, incapaz de cumplir con sus tareas más elementales, que obstaculiza las inversiones y provee de pegas y sueldos siderales para legiones de amigotes y parientes que dadas sus escasas competencias jamás obtendrían ingresos similares en el mercado. Y lo peor de todo es que el grito es "más Estado" como si no fuera el Estado el problema.


El tiempo dirá dónde terminará todo esto. Lo único que sabemos, si creemos que la historia algo indica sobre el futuro, es que el desenlace no será agradable para absolutamente nadie.

 

 

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