Recientes

Otra visión Relevantes

Otra visión

Blogs El Mercurio

Los últimos comicios municipales han provocado diversas reacciones, muchas de las cuales parecen desvinculadas de la realidad. Para una apreciación objetiva, hay que detenerse en tres factores que dan a este evento carácter especial.

Desde luego, el nivel de abstención (65%) implica mantener en reserva la voluntad de la ciudadanía que, en cualquier momento, puede manifestarse en las más diversas direcciones. ¿Qué piensa la mayoría de los chilenos? ¿Cuántos electores que no sufragaron quisieron manifestar su descontento con el sistema político? ¿Constituye la abstención una forma de repudio a las élites partidistas que monopolizan la totalidad del poder? Estas y muchas otras preguntas quedan sin respuesta, abriendo una incógnita que impide toda proyección hacia el futuro.

A lo anterior hay que agregar un hecho insólito: la alteración del padrón electoral que, en el mejor de los casos, es consecuencia de la inepcia de quienes son responsables de su administración y funcionamiento. Nadie sabe, hasta este momento, qué incidencia tuvo esta anomalía en los resultados, a quiénes favoreció y a quiénes perjudicó.

Finalmente, la circunstancia de que prácticamente todas las colectividades políticas se hayan visto comprometidas en una irregular recaudación de fondos ha debido provocar en la población un repudio natural a toda manifestación partidista y una condena unánime sobre los procedimientos utilizados para financiarse. A este fenómeno debe agregarse la paupérrima información sobre candidatos y programas, fruto de la falta de recursos, lo cual desalentó a la mayoría de los electores.

¿Un proceso electoral de estas características permite predecir lo que acontecerá en futuras elecciones?

Afirmo que lo ocurrido el 23 de octubre pasado no revela nada que no conociéramos, y que los resultados no anticipan ni nuevas tendencias ni el esclarecimiento de los factores antes indicados.

Como si lo señalado fuera poco, hay que reconocer que en las elecciones municipales opera el "caudillismo" local, lo que se comprueba con solo constatar que el 73% de los alcaldes fueron reelectos en sus respectivas comunas. Lo excepcional y llamativo para los analistas y los medios de comunicación fue el hecho de desbancar a algunos líderes consagrados (apoyados por el oficialismo) y cambiar la etiqueta política en varios municipios de especial resonancia.

Ante este panorama, no parece exagerado sostener que vivimos una crisis de representación, como quiera que se califiquen los factores antes mencionados. En Chile los únicos cauces de participación política son los partidos y ellos no captan el interés de una inmensa masa ciudadana, hastiada de oír promesas incumplidas y gastadas consignas, sin aportar nuevas ideas en un mundo que cambia día a día por obra de una revolución científica y tecnológica que ha alterado profundamente nuestros hábitos. Mientras no se ensanchen los canales de participación y se encuentre la manera de incorporar al sistema a las mayorías silenciosas y decepcionadas, seguiremos viviendo una democracia de utilería y no real, dominada por los dirigentes de siempre.

Casi sin advertirlo, paralelo al modelo político, se ha ido extendiendo, tanto en Chile como en el extranjero, un complejo de "redes sociales" al amparo de medios tecnológicos, cuyo influjo crece exponencialmente. Se trata de una realidad inatajable que se abrirá paso cualesquiera que sean los escollos que se pongan por delante. ¿De qué se trata? De otra protesta, silenciosa pero elocuente ante la pobre indumentaria participativa en que se sustenta el modelo.

Se habla en nuestro medio de profundizar la democracia y, como suprema expresión de este propósito, se aboga por la elección de los intendentes (o gobernadores regionales), sin siquiera especificarse sus atribuciones y mucho menos su necesidad. Ello implica desentenderse de un Estado sobredimensionado (elefantiásico), y entregar a los partidos políticos nuevas fuentes de poder. En otros términos, avanzamos por una ruta equivocada.

Ojalá, los últimos comicios municipales sirvan, a lo menos, para hacer reflexionar a quienes ejercen las potestades públicas, y descubrir las debilidades que debemos superar. Pero yerran los que piensan que lo ocurrido es posible proyectarlo a un futuro cercano.

Pablo Rodríguez Grez 

Compartir