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Reflexiones de un civil Patricio Amigo

Reflexiones de un civil

Por Patricio Amigo

 

 

El personal de las FF.AA. y carabineros condenados y en proceso, por hechos ocurridos durante el Gobierno Militar, son víctimas de los atropellos a los DD.HH. más diabólicos del mundo: porque sus autores son, precisamente, quienes juzgan y castigan a quienes atropellan los DD.HH.
 
No es una “volada”, no. Es una aseveración responsable y taxativa y, por lo tanto, no admite discusión. 
 
Están perseguidos y torturados con una presión sujeta a un sistema judicial que fue modificado por la Reforma Penal, hace varios años. 
 
Sobre esta repugnante situación, se les aplica la ley que creó la calificación delictual y sanciona los delitos de “lesa humanidad” y esa ley se dictó en Chile mucho después de ocurridos los hechos cuestionados.
 
Y, ¿cuáles son estos delitos de lesa humanidad?
 
El año 1973 hubo un golpe o pronunciamiento militar, requerido por la inmensa mayoría de los chilenos, incluyendo a los líderes políticos que no fueron capaces de solucionar POLÍTICAMENTE el caos que sufríamos.
 
Los partidarios del Gobierno que fue derrocado, intentaron recuperar el poder que, constitucionalmente habían asumido, aprovechando: los arsenales que tenían y los que posteriormente recibieron de Cuba; las milicias guerrilleras internacionales que ingresaron al país, durante los mil días que duró el Gobierno; y, dirigidos por el General cubano Patricio de la Guardia, enfrentaron a las fuerzas de seguridad de los militares gobernantes generando una guerra irregular sin tregua ni cuarteles.
 
En primer lugar: los responsables de TODO lo que ocurre en las guerras, son los políticos que las declaran y no los militares que, siendo preparados para “disuadir por la fuerza y matar antes que los maten”, debieron cumplir la orden de defender al Gobierno del que eran parte.
 
Se sabía, desde mucho antes del pronunciamiento o golpe militar, que existía la posibilidad cierta de una guerra civil.
 
Los líderes políticos explicaron internacionalmente que la única forma de solucionar ese caos, que ellos no pudieron resolver, era a través de la capacidad de fuego de los militares.
 
Se dice que hubo excesos por ambos lados. Y esto lo dicen, incluso, algunos leales partidarios del Gobierno Militar. Estimo que eso es una falacia.
 
Tengo clarísimo que los militares son TOTALMENTE distintos a los civiles. Actúan y piensa de manera singular. 
 
Ellos aman a la Patria y a la Bandera. Hasta se emocionan con sus militares principios. 
 
Ellos no buscan ni les importa el poder político o social que tanto ambicionamos los civiles: tienen su propia jerarquía de poder y la usan con rigor y entusiasmo. 
 
Ellos están formados para matar en defensa de la Bandera. Los civiles no sabemos ni siquiera cómo debe mostrarse nuestra Bandera. 
 
Y una particularidad muy importante: Los militares tiene un sistema comunicacional restringido: obedecen las órdenes sin explicaciones; tampoco se sienten obligados a darlas, cuando cumplen las órdenes. 
 
Respecto a las víctimas fatales: son inevitables en las guerras.
 
Sobre los desaparecidos, que ya se sabe que fueron víctimas fatales lanzadas al mar, es una estrategia antigua: en el primer Gobierno del General Ibáñez fueron lanzados al mar muchos delincuentes y homosexuales y, años después, Ibáñez fue elegido Presidente de la República, por abrumadora mayoría.
 
Los interrogatorios con apremios pueden llegar a ser tan brutales como necesarios. 
 
Un delincuente sorprendido “in fraganti” y con pruebas objetivas y que se declara inocente, difícilmente confesará sin apremio. Un guerrillero o, simplemente, un convencido participante, cómplice o encubridor de la defensa guerrillera de un sistema político, con más fuerza guardará silencio . 
 
En febrero de 1987, la Brigada que encabezaba el Tte. Cnel. Álvaro Corbalán, logró descubrir y desactivar una tremenda carga de explosivos, en el interior de un auto Charade, en el estacionamiento del Festival de Viña. ¿Que se llegó al atentado mediante apremios, torturas o como quiera llamársela? ¡SI! 
 
Sin la confesión, el desastre era inimaginable.
 
Finalmente, tengamos presente que una guerra civil habría sido salvaje para Chile, se evitó el millón de muertos que habían programado los cabecillas del enfrentamiento guerrillero. Los militares actuaron con exitoso profesionalismo.

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