Su Solución Siempre Ha Sido Matar Hermógenes Pérez de Arce

Su Solución Siempre Ha Sido Matar

Blog de Hermógenes

 

 
          La izquierda, con el impajaritable concurso de los kerenskys, ahora ha conseguido aprobar en la Cámara que se despenalice la conducta de dar muerte a los bebés en gestación no deseados. Ya se encargarán los jueces, que en su mayoría son de izquierda, de que las causales de despenalización del aborto se amplíen ad náuseam. Cuando se abre esa puerta se desata un torrente. He leído los relatos de médicos que presenciaban, durante la UP, masivas experiencias de aborto libre en hospitales públicos, a sabiendas de que nadie denunciaría nada.
 
          La solución de la izquierda para alcanzar sus metas siempre ha sido la misma: matar. Leí en la sección “Hace 50 Años” de “El Mercurio” lo siguiente, publicado el 15 de marzo de 1966: “POLÉMICA. Fidel Castro, en un ataque al gobierno de Chile, manifestó que un día los trabajadores chilenos ‘comprenderán que la violencia armada es la única respuesta a sus problemas’”.
 
          Cuando el marxismo llegó al gobierno con Allende (gracias al apoyo de los kerenskys en el Congreso Pleno), a lo que se dedicó fue precisamente a prepararse para aplicar la receta de su mentor Castro: matar adversarios y así asumir el poder total. Allende lo confesó al Nouvel Observateur, como cité en mi blog del 1° de marzo: “Sabíamos que teníamos necesidad de tiempo para organizarnos, armarnos y preparar debidamente la estructuras militares de los partidos de la Unidad Popular”. Justamente la alternativa Z-A de su “Plan Zeta” para la toma del poder por las armas preveía esta acción y hasta fijaba como fecha tentativa el 19 de septiembre de 1973, con motivo del almuerzo en honor a las Glorias del Ejército, oportunidad en la cual se proponían asesinar a todos los altos mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. El historiador Gonzalo Vial, que incluyó un facsímil del “Plan Zeta” en el “Libro Blanco Sobre el Cambio de Gobierno en Chile”, del que se declaró co-autor, certificó la autenticidad de dicho lúgubre proyecto para tomar el poder de la izquierda marxista.
 
          Los demócratas sabían, por cierto (aunque la mayoría lo ha olvidado por miedo, por cálculo político o por feble memoria), la suerte que les esperaba si los militares no los salvaban y por eso los llamaron explícitamente a intervenir, en el Acuerdo de la Cámara de 22 de agosto de 1973. Y también por eso Frei Montalva les decía a los empresarios de la SFF en junio de 1973, “esto se arregla sólo con fusiles” (“Acta Rivera”). Y también por lo mismo Patricio Aylwin, a fines de 1973, cuando ya habían caído mil 800 del total de poco más de tres mil muertos que implicó la lucha contra la extrema izquierda armada, se negaba a condenar a los militares que estaban combatiendo, mientras él –decía-- estaba “sentado detrás de un escritorio”, pues, añadía, “ellos están recibiendo el fuego adversario”. Nada de eso lo podrán borrar jamás los “giros copernicanos” que los kerenskys debieron consumar 17 años después para terminar crucificando a los militares en la plaza pública y gobernando con los mismos socialistas y comunistas que “nos iban a matar a todos”, como le decía el juez pro-DC Rafael Retamal a Patricio Aylwin en 1974, según las propias memorias de éste (las penúltimas, pues acaba de sacar otras). Y por eso Retamal le aconsejaba dejar que los militares “hagan el trabajo sucio; después vendrá la hora del derecho”, que finalmente no fue del derecho, sino de la prevaricación, como bien sabemos.
 
          Y así los promotores de la solución de matar para conseguir sus propósitos han terminado jugando el papel de “víctimas”, nos sustraen alrededor de 300 millones de dólares anuales a los contribuyentes a título de pensiones vitalicias, becas, educación y salud gratuitas, diez millones “cash” por cada caído (aunque hubiera sido por infarto) e indemnizaciones varias por habérseles vedado el “derecho” a tomarse el gobierno por las armas, liquidando a quienes se les opusieran como si éstos hubieran sido nasciturus de doce semanas.
 
          Así se escribe la historia.

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